Fernando Adalid veraneba en la aldeade A Veiga hasta los 10 años
21 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?l camino termina en A Veiga. Más allá de esta aldea de la parroquia chantadina sólo está el Miño. Entre sus diez casas jugó de niño Fernando Adalid Penas, el taxista barcelonés de 31 años acusado del homicidio de su novia, la médico Gloria Sanz. Quienes lo trataron lo recuerdan como un buen chico, y se preguntan cómo ha podido meterse en un lío semejante. Orlando Vila recuerda haberlo tenido en brazos más de una vez. «Notábase que estaba afeito á cidade, porque non daba andado ben por estes carreiros», recordaba ayer frente a su casa, una de las dos que quedan habitadas en esta aldea de la parroquia de Nogueira.En A Veiga había mucha más animación cuando Fernando pasaba aquí sus vacaciones de verano. Él nació en Barcelona hace 32 años, pero su madre es de A Veiga y en Chantada conserva a una tía y a varios primos. Durante su infancia, la familia dividía a partes iguales sus vacaciones de verano entre A Veiga y Valencia, la ciudad de origen del padre, representante de una empresa textil.El ahora homicida confeso de Gloria Sanz hizo su última visita a Chantada después de cumplir los 10 años. Pero sus padres siguen viniendo con regularidad. «A última vez que estiveron aquí foi o ano pasado por un enterro», recuerda Orlando Vila. Quienes hablaron con ellos entonces aseguran que estaban muy contentos con su hijo, del que contaron que se había hecho cargo de una de las muy disputada licencias de taxi en Barcelona y que acababa de comprarse un piso en plenas Ramblas.«Agora están desfeitos, din que se lles acabou o mundo», se dice por la parroquia de Nogueira. Igual que los padres, nadie se explica cómo pudo hacer algo así alguien como Fernando, que nunca causó problema alguno en su infancia en A Veiga.La mayoría de los vecinos de esta zona se acaban de enterar de que el taxista barcelonés detenido en Amsterdam del que hablaba la televisión era el Fernando que recordaban como un niño. Orlando Vila asegura ahora que cuando vió su foto en los telediarios ya le paerció conocido. «Dende que mo dixeron, non lle deixo de dar voltas; pero qué fixo este pequeno», se lamentaTodos aquí guardan buen recuerdo de él, y hablan con mucho respeto de sus padres y del resto de los miembros de la casa de Xulián, en la que nació la madre, abandonada desde hace años y casi cubierta por la vegetación.