El ex director de la Guardia Civil viene a Ourense a pasar las navidades y su esposa obtiene, el mismo día, su libertad definitiva
20 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Diciembre, día 20. Para Blanca Rodríguez, la esposa de Luis Roldán, el ex director de la Guardia Civil, la vida tiene otro sentido desde ayer. O tal vez no, porque ella se mueve en otra dimensión. Sean cuales fueren sus impresiones, o la valoración que ella haga de su existencia, lo cierto es que justamente ayer, casualidades del destino, saldó sus cuentas con la Justicia. En junio de 1994 conoció, por primera vez, las incomodidades de la cárcel. Ya condenada, por un delito contra la Hacienda Pública y otro de encubrimiento, volvió a prisión en enero del año 2000. Su carta de libertad definitiva tiene fecha del 20 de diciembre de 2002. Quienes ayer la vieron, a primera hora de la mañana y en una pastelería del centro urbano, sospecharon que aquella mujer tenía por delante una jornada diferente. No era la misma cara de todos los días. Y, en verdad, se le presentaba muy diferente, pues por fin había llegado el día en el que no sólo se quitaba de encima su condición de reclusa, (que a lo mejor hasta había olvidado), sino que, además, iba a reunirse con su marido una vez que éste saliese del Centro Penitenciario de Brieva, convertido en su residencia forzosa desde finales de febrero del año 1995. Escoltas Luis Roldán Ibáñez, el primer civil que mandó en la militar Guardia Civil podrá, por fin, conocer a su hijo más pequeño, un niño que nació estando él en prisión y a quien, hasta ahora, apenas ha podido ver. Y también podrá comprobar cómo el chiquitín que dejó al fugarse, con cinco meses, al ciudado de su esposa y de sus suegros, tiene sus mismos rasgos, tiene botas de fútbol y golpea el balón con la mejor intención. El chaval, cuando hoy se haya vestido de corto y, desde el terreno de juego, vea a su madre y la mirada se le vaya hacia el señor sin pelo que está con ella, que es su padre, se preguntará también quiénes son los señores, cuadrados como armarios, que lo acompañan y no lo dejan ni un momento. Escoltas. Luis Roldán conoce Ourense. Estuvo aquí siendo director general de la Guardia Civil y también en sus horas más bajas, en ese corto espacio de tiempo que va entre el abandono del cargo y su fuga. Conoce la ciudad y conoce restaurantes. No obstante, desde que ingresó en el penal de Brieva, permanentemente protegido, no ha vuelto. Alejamiento Aunque siempre se especuló con la posibilidad de que acudiese a la capital de As Burgas, donde residen su esposa y sus dos hijos más jóvenes, optó por Zaragoza para disfrutar de sus primeras horas de libertad. Y a medida que se iban conociendo, y descartando, las ofertas de trabajo que se le brindaban para acelerar la obtención del tercer grado penitenciario, Ourense también ha permanecido al margen. Ahora, sin embargo, le ha llegado el momento. Roldán viene, tal vez despistado, pues su destino será un piso para él desconocido, distinto a aquél donde estuvo recluido antes de su fuga, frente al parque de San Lázaro. Y tal vez llegue también descolocado porque, en siete años, su mujer y sus dos hijos han cambiado hasta tres veces de residencia.