La disputada lápida de los Gaibor

El principal vestigio de la tradición sefardí de Monforte figura entre los fondos del Museo Arqueológico Provincial de Ourense El alcalde de Monforte se ha dirigido de nuevo al Ministerio de Cultura para que sea permitido el retorno a la ciudad de la lápida de los Gaibor, entregada por un vecino al Museo Arqueológico Provincial de Ourense a finales del siglo XIX. La Dirección General de Bellas artes había rechazado en 1999 la primera propuesta. Ahora el Concello vuelve a la carga con la garantía que se deriva de su reciente admisión en la Red de Juderías Españolas. La lápida lleva el nombre de una importante familia de judíos conversos, cuyos avatares, marcados por los sombríos manejos de la Inquisición, corroboran la impronta hebrea de la historia local.


MONFORTE

«Se supone que la lápida fue encontrada en la rúa da Ventaniña, en lo que hoy es la esquina de las calles Ricardo Quiroga y Doctor Teijeiro», dice el investigador Felipe Aira. No hay referencias de cómo la pieza funeraria pudo llegar a una casa ajena a la historia conocida de la familia Gaibor. Sin embargo, se sabe que fue el propietario de la vivienda, Rodrigo Goicoechea, un abogado afincado en Monforte, quien reparó en su valor antes de entregarla al Museo Arqueológico Provincial de Ourense, a finales del siglo XIX.Rodrigo Goicoechea se instaló en Monforte por motivos profesionales y emparentó con la familia Cedrón por vía matrimonial. De ella recibió la casa donde encontraría la lápida de los Gaibor adornando el dintel de una puerta. Hombre de inquietudes culturales, Goicoechea ordenó desmontar la pieza y la puso en manos del museo de Ourense.La cesión se realizó con posterioridad a junio de 1892. Ese mes, La Voz de Galicia recogía un artículo firmado por Benito Fernández Alonso sobre la presencia judía en Monforte, donde informaba de la presencia de la lápida de la principal familia conversa y de su inadecuada ubicación entre los muros de una vivienda.Los Gaibor fueron una familia estrechamente ligada a la historia local. Juan de Gaibor y su hijo Jorge, a cuya tumba corresponde la lápida que ahora es propiedad del Ministerio de Cultura, fueron estrechos colaboradores de los condes de Lemos y tuvieron capilla propia en el desaparecido convento de San Antonio de Padua.Descendiente de uno de los principales linajes hebreos de Monforte, Juan de Gaibor mantuvo una relación muy importante con el segundo Conde de Lemos, quien le convenció de la necesidad de convertirse al cristianismo poco antes de 1492, cuando los Reyes Católicos ordenaron la expulsión de los judíos de España.Juan de Gaibor fue el tronco de una familia conversa que no por ello se libró de las intrigas de la Inquisición. En el Archivo Histórico Nacional se conserva un documento de 1580 sobre un proceso del Santo Oficio contra su hijo Jorge, al que un criado acusaba de haber azotado un crucifijo.La mayor parte de las veces estos procesos respondían más al afán de la Inquisición por incautarse de los bienes de las familias conversas más acaudaladas que a las supuestas profanaciones de sus integrantes. En este contexto nacieron las leyendas del Cristo de los azotes o del Cristo de la colada, vinculadas al pasado sefardí de Monforte. Jorge de Gaibor fallecería tras emprender un viaje a Valladolid, precisamente para declarar ante el tribunal de la Inquisición.Aún hoy se levantan junto a la puerta de la Alcazaba dos imponentes casas de sillería que fueron el hogar de esta importante familia judeoconversa, cuyo apellido, junto con los Coronel, Mezquita, De León, Oliveira, Pereira, Fonseca y De Lucena, evoca un capítulo olvidado de la historia local que ahora sale de nuevo a la luz.

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