La arquitectura vitícola de Pobra do Brollón destaca entre los mayores atractivos de la Ribeira Sacra Las bodegas de Vilachá de Salvadur, restauradas en tiempos recientes, constituyen hoy en día uno de los principales puntos de interés para el turismo rural en el ámbito de la Ribeira Sacra. Un paseo por las cercanas riberas vitícolas del Sil supone un excelente complemento a la visita a este singular conjunto de arquitectura popular, al que algunos historiadores atribuyen un origen monástico.
10 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Las bodegas de Vilachá conforman un singular conjunto arquitectónico de 42 construcciones que en tiempos recientes ha sido sometido a una intensa restauración. Con ella, este paraje se ha convertido en uno de los principales puntos de interés para el turismo rural en la comarca de Lemos. Las centenarias bodegas, de planta rectangular, están hechas de gruesos muros de piedra y tejados de pizarra. La mayoría de estas construcciones están unidas entre sí y en algunos casos se comunicaban por puertas practicadas en los muros compartidos. Hoy en día, sin embargo, esas puertas interiores están selladas con piedra. Este antiguo conjunto de edificaciones, que según algunos historiadores perteneció originalmente al monasterio ourensano de Montederramo, está partido en dos zonas por un arroyo que contribuye a embellecer el entorno. Tras la restauración, una de las bodegas fue habilitada para acoger visitas. En ella se pueden degustar vinos y productos típicos de la zona. El local abre los fines de semana. Viñedos sobre el río La visita a las bodegas puede complementarse con un paseo por los viñedos de la ribera de Vilachá, desde donde se divisan unas excelentes vistas del Sil y del pueblo de Torbeo, en la orilla opuesta. Según la tradición, en estos parajes existió antiguamente un monasterio, por lo que la zona aún es conocida hoy como Val dos Frades u Os Conventos. El único vestigio que se conserva de dicho monasterio es una gran piedra depositada en la plaza del pueblo de Vilachá, que formó parte de una prensa vinícola. Algunos de los vecinos de más edad, no obstante, recuerdan haber visto en su infancia los restos de los muros de aquella construcción desaparecida. En otro tiempo, el vino se elaboraba en unos lagares situados junto a las viñas. Después se transportaba en carros a las bodegas, guardado en unas pipas de 18, 20 ó 22 canados de capacidad. En Vilachá, un canado equivale a 36 litros. Hoy en día, las uvas son transportadas en tractores hasta las bodegas, donde se lleva a cabo la elaboración del vino.