BUZÓN DEL LECTOR
29 mar 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando yo era pequeña, un grupo de amigas pintábamos por la calle del Cardenal. Excuso decirles el tráfico que por entonces circulaba. Comenzaban a regresar a su país de origen los ciudadanos que en tono coloquial solíamos llamar indianos. Aparecían esporádicamente sobre la calzada de cemento, conduciendo con toda solemnidad los popularmente denominados haigas, vehículos espectaculares que causaban sensación. Y es que, como el pueblo siempre es malicioso, le gusta colgar muchos cuentos a las espaldas de honrados trabajadores que cuando reunían platita en las Américas se acercaban al primer concesionario solicitando les vendiera un coche de lo mejor que haiga. El caso es que se podía patinar sin ningún peligro. Recuerdo que éramos cuatro las principales patinadoras. Yo, por supuesto, la peor de todas pues mis benditos abuelos me tenían sometida a una cariñosa e incontrolada sobrealimentación, parece ser que por temor a los contagios y enfermedades de que fuimos víctimas algunos hijos de postguerra; de modo que esos kilos de más no permitían que me deslizara con la suficiente habilidad y destreza. Otra de las patinadoras, María Teresa, era hija única de una hermosa mujer nacida en Cuba cuya simpatía se hizo popular en Monforte, llamada Áurea Rueda. Había otra, llamada Maribel, hija del entonces director del banco Hispano Americano sito en la calle Cardenal, chaflán de los que hoy es la Avenida de Galicia. Preciosa casa por cierto de la que sólo se conservan trozos de la primitiva piedra que remataba los dinteles de puertas y ventanas. Los dos artisticos miradores de hierro firjado que miran al Cardenal han desaparecido, así como la hermosa galería trasera que volaba sobre un frondoso jardín que, por extensión, casi llegaba a rozar la casa de la familia Conde. Muchos cambios Hoy dicha extensión la ocupa el casino del pueblo. La cuarta patinadora era María Luz Luaces. Somos las dos que aparecemos durante los veranos por nuestro querido pueblo y nos complacemos o desilusionamos -depende de la sorpresa- de los cambios y evoluciones que se van sucediendo en Monforte año tras año. Me han dicho que la antigua casa de los Baamonde reconstruida en la calle Cardenal esquina Hermida Balado no ha quedado del todo mal. Parece ser que la fachada sugiere la anterior estructura. En el interior me temo no haya ocurrido los mismo. Me pregunto qué habrá sido de las caballerizas que comunicaban el zaguán con el patio interior y con el amplio y señorial arranque de escalera de sólida y noble piedra. Aún recuerdo la solemne y serena figura de doña Mercedes Guitián de Baamonde, erguida sobre un sofá isabelino de damasco color burdeos que adornaba uno de los salones de la ilustre casa. Toda una historia, ya larga, planea por mi recuerdo. Son demasiadas las nostalgias que se van acumulando y es preferible procurar soltarlas en pequeñas gotas, como el buen perfume. Hoy casi se puede volver a patinar por el Cardenal, como en toda ciudad que de moderna se preste, el centro de ha concebido para disfrute y solaz de los peatones. Pero de lo que no estoy muy segura es del resultado de esa piedra artificial que se ha utilizado para la pavimentación. Con toda certeza, nuestros viejos patines de acero y rodaje de bolas la hubieran destrozado. María Elena Hermida. Madrid.