Los defensores del cultivo en ladera recuerdan que, de entrada, el vino elaborado en parcelas situadas en fuerte pendiente es más biológico -debido que las cepas necesitan menos tratamientos- y presenta un mayor contenido en sustancias beneficiosas para la salud. Entre ellas destaca el resveratrol por sus virtudes anticancerígenas. Pero en el mantenimiento del viñedo en ladera también están en juego factores ecológicos y turísticos. Si las muras centenarias se convierten en monte o en bosque se está alterando un ecosistema y un paisaje único que ya «no será tan atractivo», destaca el profesor de la Universidad de Piacenza. Las autoridades de Alemania, Suiza y Austria se han concienciado de la necesidad de mantener esta manifestación ancestral y ofrecen créditos a fondo perdido para acondicionar viñas en pendiente. En Suiza, según informa la publicación del Cervim correspondiente al mes de noviembre, una ley reciente ofrece ayudas de 3.000 euros (50.000 pesetas) por mantenimiento del paisaje para el cultivo de viñas a más de trescientos metros de altura y con más de un treinta por ciento de pendiente. Fregoni propone «dejar libertad para implantar nuevas viñas» y ofrecer ventajas fiscales sobre todo a los jóvenes que se decidan a cultivar el viñedo en aquellas zonas que por sus especiales condiciones merezcan ser «parques productivos», con un estatus similar al de los espacios naturales protegidos. El Cervim pone el ejemplo de los viñedos en pendiente de la Cinque Terre italiana, que obtuvo la condición de parque natural y aspira -igual que la Ribeira Sacra- a obtener la declaración de Patrimonio de la Humanidad.