Campos de soledad en Brollón

C.R. / F.A. MONFORTE

LEMOS

CARLOS RUEDA

Las aldeas de Penadexo, Pradelas y A Teixeira conforman un singular ejemplo de declive demográfico Penadexo, Pradelas y A Teixeira son tres aldeas vecinas del municipio de Pobra do Brollón en las que se percibe con especial claridad el declive demográfico del medio rural. En la primera quedan dos hogares habitados, en la segunda sólo uno y la tercera está totalmente abandonada. La soledad que se va apoderando de la zona contrasta con el atractivo de su arquitectura tradicional y de sus paisajes boscosos.

09 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

La aldea de Pradelas, que contaba antes con dos familias, sólo está habitada hoy por Antonio Rodríguez y su esposa, que viven de su actividad agrícola y ganadera. Sus hijos la abandonaron ya hace años en busca de trabajo. La localidad conserva en buen estado sus construcciones tradicionales y la aira donde se mallaba el pan y el cobertizo en el que guardaba se hallan como en sus primeros tiempos. Pradelas no tenía molino y sus vecinos sólo podrían moler un día a la semana en el molino de A Teixeira. En épocas de gran estiaje había que llevar el grano más lejos, hasta Pacios de Veiga o Pobra do Brollón. La cercana localidad de Penadexo tuvo en tiempos cinco familias, pero hoy sólo quedan dos vecinos. En la parte baja del pueblo pueden verse numerosos castaños de gran tamaño que podrían tener hasta quinientos años, según José Antonio Carballeda, uno de los vecinos. El problema es que los árboles se están secando debido a una plaga de ronco. La arquitectura local llama la atención por las grandes y bien trabajadas piedras con que están hechos algunos de los muros. Telares y fraguas A Teixeira ya llegó al límite de la despoblación y está abandonada desde hace varios años, aunque aún recibe la visita de algunos antiguos vecinos. Uno de ellos es José Peña, hoy domiciliado en Salcedo, que recuerda cuando el pueblo tenía una treintena de habitantes. En A Teixeira funcionaron tres telares y varias fraguas, y en sus alrededores aún hay varias albarizas donde se criaba una apreciada miel. La mayoría de las casas presentan un pobre estado de conservación. A ello han contribuido los amigos de lo ajeno, que, además de llevarse muebles y aperos de gran valor etnográfico, llegaron a arrancar hace unos años el rodicio y una piedra del molino. Cuatro años atrás, una crecida se llevó dos puentes de madera que cruzaban el arroyo de A Devesa a la entrada del pueblo.