Monforte 1975: retrato en gris

REDACCIÓN MONFORTE

LEMOS

FOTOGRAFÍA ARCADIO

El fin de Franco llegó cuando la ciudad apenas había empezado a padecer el desmantelamiento del nudo ferroviario El Monforte del año 1975 notaba ya los efectos del primer tijeretazo a la estación de ferrocarril y vivía de dar servicio a una comarca agrícola que aún no había oído hablar de cuotas lácteas. El coto cerrado de la pista de la Compañía y la elección de misses dominaban las fiestas de agosto y la falta de un planeamiento urbanístico serio ya había empezado a dar algunos disgustos. Los colores chirriantes que dominaron la moda de los años setenta se cubrieron de gris e incertidumbre en Monforte aquel 20 de noviembre en que el presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, lloró por televisión su «Franco ha muerto».

18 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

El archivo gráfico de Tino Vila guarda la memoria del Monforte que vivió la agonía de la dictadura franquista. El trabajo de este fotógrafo, que en aquella época trabajó como corresponsal para diferentes periódicos, no da fé de tensiones, ni grandes ni pequeñas. Sus fotografías de aquellos años están llenas de bodas, comuniones, misas conmemorativas y carrozas desfilando en las fiestas patronales. «Hacíamos muchos más reportajes de boda que ahora», recuerda. Y no porque la gente se casase más, sino porque «las aldeas de los alrededores estaban llenas». La actividad del campo y la pujanza de industrias como la chacinera, la cerámica y de servicios como Fenosa, que empleaba a cien personas en Monforte, permitía a la ciudad sobrellevar sin apenas darse cuenta el principio del fin del nudo ferroviario. Los cambios en el Ayuntamiento fueron graduales, sin conflictos. El fallecido Antonio Martínez Rubio, alcalde de Monforte en 1975, y los últimos concejales elegidos por los tercios de familia y sindicato y por designación directa del gobierno mantuvieron a ralentí la gestión municipal hasta que dos años después las primeras elecciones libres dieron la victoria a Celestino Torres. La historia que ahí comenzó es ya otra bien distinta.