Dos expertos analizan el rendimiento deportivo de las mujeres trans: «En varios estudios no se muestran diferencias relevantes»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

María Pedreda

Los expertos señalan que la destreza competitiva dependerá del tipo de disciplina, del rol dentro del equipo, del historial previo de entrenamiento en alto rendimiento y del tiempo que lleve la persona bajo tratamiento hormonal

12 feb 2026 . Actualizado a las 17:30 h.

La gallega Mar Vázquez Martínez, de 61 años, se ha convertido en la primera mujer trans en lograr una medalla de bronce compitiendo en categoría masculina, un hito que consiguió en la prueba de los 3.000 metros del Campeonato Gallego máster de pista cubierta. La atleta, que llegó al podio en la categoría de hombres mayores de 60 años, explicó sus motivos para correr entre los varones: «He decidido competir contra hombres porque veo injusto competir contra mujeres, dado que, como atleta que fui, tengo unas condiciones físicas ganadas, tanto muscular como orgánicamente. Mi capacidad pulmonar y cardíaca es muy superior a la de una mujer cis». Vázquez, que inició la transición a los 57 años, está en una situación diferente de, por ejemplo, una deportista trans que haya comenzado su cambio de género antes de pasar por la pubertad.

De hombre a mujer

Cuando una persona transiciona de hombre a mujer en la edad adulta, es habitual que se utilicen terapias sustitutivas hormonales. Estas buscan desarrollar características físicas femeninas y alinear el cuerpo con la identidad de género, reduciendo la disforia y mejorando el bienestar emocional. Mediante estrógenos y bloqueadores de testosterona, se logra redistribuir la grasa corporal, aumentar el volumen de las mamas, suavizar la piel y disminuir el vello y la masa muscular.

Manuel Jiménez López, doctor en Fisiología Humana e investigador de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), enumera algunos efectos que se consiguen con la terapia hormonal feminizante, que puede incluir «supresión de testosterona y/o administración de estrógenos y/o progestágenos». Este tratamiento produce «cambios medibles en la composición corporal, la capacidad de transportar oxígeno y el control cinético, lo que afecta el rendimiento físico real en la población general, aunque carecemos de evidencia suficiente en el ámbito del alto rendimiento deportivo», detalla.

Sin embargo, el proceso de desarrollo por el que pasa el cuerpo en la adolescencia no es completamente reversible. Hay aspectos que no se pueden modificar con la terapia hormonal. «La terapia de supresión androgénica no tiene ningún efecto sobre las adaptaciones fisiológicas masculinas previas a la transición experimentadas después de la pubertad. Por lo tanto, las mujeres trans que hacen la transición después de completar la pubertad masculina poseerán mayor volumen pulmonar, tamaño cardíaco y estructura ósea», explica en este sentido Gonzalo Correa González, médico especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte y presidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte. Además, se mantendrán la estructura óseo-articular y las palancas biomecánicas.

Con todo, no existe todavía un consenso acerca de los efectos exactos de la transición en el rendimiento deportivo. «Estamos ante un tema muy controvertido, sobre el que aún no se ha dado respuesta basada en la evidencia científica», subraya Jiménez. El experto resume el conocimiento actual de este campo de investigación: «En varios estudios, determinadas medidas de aptitud física no muestran diferencias relevantes tras un período prolongado de terapia hormonal. La evidencia científica disponible a día de hoy no permite afirmar de manera universal que una mujer transgénero compita siempre con ventaja o desventaja frente a mujeres cisgénero. La capacidad y la habilidad competitivas dependerán del tipo de deporte, del rol dentro del equipo, del historial previo de entrenamiento en alto rendimiento y del tiempo bajo supresión androgénica».

El rol de la testosterona

La testosterona, principal hormona androgénica, «es la responsable de las características propias de la masculinidad y, por lo tanto, de la mayoría de las diferencias entre hombres y mujeres», explica el doctor Correa. «Casi la totalidad de la testosterona se produce en los testículos, pero una pequeña cantidad se segrega en las glándulas suprarrenales y en los ovarios, por lo que la testosterona también se encuentra en las mujeres, aunque en una cantidad 15 veces inferior a la de los hombres», apunta.

La función de esta hormona a nivel de la composición corporal es clave en el desarrollo de la masa muscular. En este sentido, «con una mayor cantidad y calidad de fibras musculares se desarrolla más fuerza y se consume más oxígeno», ya que a mayores niveles de testosterona, más se desarrolla el músculo, señala Correa. 

De manera general, una mujer transgénero que utilice una terapia hormonal verá reducidos su hematocrito —la proporción de volumen sanguíneo ocupada por los glóbulos rojos—, su masa magra y su fuerza general con respecto a antes de la transición. También se verán afectadas la potencia, la velocidad y la fuerza explosiva y aparecerán cambios metabólicos que pueden afectar a la eficiencia mecánica y la recuperación. «Todo ello se debe a que el dimorfismo sexual está claramente vinculado a la testosterona, cuya producción se reduce drásticamente durante el tránsito a género femenino», explica Jiménez.

Es importante señalar que estos cambios se dan a lo largo de los primeros dos a tres años de terapia hormonal, por tanto, «durante esos primeros años, ciertos valores medios pueden permanecer por encima de los de mujeres cisgénero, aunque científicamente no se ha demostrado que esto signifique necesariamente una ventaja en estos primeros años de transición para mujeres transgénero», señala el investigador.

Fisiología del rendimiento deportivo

Los cambios producidos por la caída de la testosterona en las mujeres trans pueden traducirse en diferencias en su desempeño atlético. «Podemos empezar por las desventajas, como, por ejemplo, la capacidad aeróbica, consecuencia del descenso de la hemoglobina tras la supresión de la testosterona, que tendría su impacto más notable sobre los deportes de resistencia; situando a las mujeres transgénero en rangos similares o inferiores a las mujeres cisgénero entrenadas», ilustra Jiménez.

Por otro lado, en las atletas trans podrían persistir algunos aspectos previos como la altura, la longitud de los segmentos corporales y el diámetro articular, «lo que podría conferir en ciertos deportes alguna diferencia mecánica, especialmente durante los dos primeros años de transición, aunque no tiene por qué traducirse en mayor rendimiento real», matiza.

Pese a la falta de evidencia concluyente, la investigación en este campo puede aportar algunos datos más objetivos que casos anecdóticos como el de Mar Vázquez. Este mes se publicó un metaanálisis elaborado por investigadores de la Universidad de Sao Paulo (Brasil) en la revista British Journal of Sports Medicine. Los científicos analizaron a cerca de 3.000 mujeres trans que se habían sometido a una terapia hormonal de entre uno y tres años y no hallaron evidencias de que existieran ventajas físicas con respecto a las mujeres cisgénero. Ambos grupos mostraron niveles similares de aptitud física en todas las variables analizadas.

Cada caso es único y se debe tener en cuenta en qué etapa del desarrollo de su cuerpo hizo la transición cada individuo, así como el tipo de deporte en el que compita: no es lo mismo hacerlo en halterofilia que en tiro con arco. Por esta razón, el conocimiento actual no confirma que haya diferencias universales entre personas transgénero y cisgénero a nivel deportivo. «Cualquier afirmación categórica en una u otra dirección excede la evidencia disponible y se ajustaría exclusivamente a la opinión individual de cada cual. Las decisiones regulatorias deberían considerar las especificidades de cada deporte, dado que los determinantes del rendimiento varían sustancialmente entre disciplinas», concluye Jiménez.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.