Manuela Camino, la cardióloga detrás de la cirugía histórica de Mariami: «Esta intervención le ahorrará más cirugías, la válvula crecerá con ella»
LA TRIBU
La gallega detrás de la primera bebé con un trasplante parcial de Europa ejerce en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid
23 dic 2025 . Actualizado a las 12:37 h.El corazón de Mariami ha marcado tres hitos en cirugía cardíaca infantil: un trasplante parcial, con incompatibilidad sanguínea y procedente de una donación en asistolia. Una intervención histórica, que convierte a la bebé en la primera menor de un año en convertirse en receptora de un trasplante de este tipo en toda Europa, coronando a nuestro país en pionero en este tipo de tratamientos dentro del sistema sanitario público. La operación fue un éxito y la pequeña de siete meses juega como cualquier bebé, evolucionando favorablemente.
Detrás de este caso hay una cardióloga pediátrica de origen gallego. Manuela Camino (Padrón, 1967), estudió medicina en Santiago de Compostela y se trasladó a la capital española para hacer la especialidad en pediatría, donde sigue ejerciendo a día de hoy como jefa de Unidad de Trasplante Cardíaco Infantil del Hospital General Gregorio Marañón de Madrid.
—La intervención se ha calificado como un triple hito en cirugía cardíaca infantil. ¿Qué la hace tan especial?
—A los niños que tienen una malformación congénita del corazón, que les funciona bien el músculo pero les falta la válvula, con esta intervención les «ponemos» eso que les falta. En este caso, la válvula pulmonar. Corregimos la malformación. Antes, al no utilizar tejido humano valvular, lo que hacíamos era poner una artificial, procedente de una vaca o un cerdo. Pero no existía potencial de crecimiento.
—¿A qué se refiere?
—A medida que la bebé, que tiene una edad media de un año, crece, esa válvula también tiene que pasar de esos 10 milímetros que tendría actualmente, a los 25 de la edad adulta, aproximadamente. Este proceso, al no poner una válvula que se desarrolle a la par que el bebé, como era la artificial, obliga a intervenir y abrir el pecho varias veces a lo largo de su crecimiento. Con lo que supone eso para los niños. Todas las operaciones son palabras mayores, pero las del corazón más. Por lo tanto, esta intervención le ahorrará más cirugías porque la válvula crecerá con la niña.
—¿Qué desafíos diría que aún quedan por delante?
—El desafío es que todo lo que trasplantas es de otra persona. Ahora mismo, engañamos al cuerpo con medicaciones, inmunosupresores, que ayudan a que lo aceptes como tuyo, sin que el cuerpo lo intente eliminar, porque nuestro organismo es muy listo. Es una medicación para toda la vida. Estamos trabajando en terapias celulares para que no hagan falta estos fármacos.
—¿Otro reto es la escasez de donantes para bebés?
—Sí, es difícil porque no hay niños que, gracias a Dios, se mueran de chiquitines. Somos conscientes de eso. Pero es importante mencionar que las válvulas de una persona que necesita un corazón entero pueden ser utilizadas para niños como Miriami, que requieren solo una válvula. Ese corazón que se desecha, entre comillas, porque vas a poner uno nuevo, puede ser utilizado para trozos, en este caso válvulas, que se puedan implantar a niños que lo necesitan. Es un doble beneficio, porque si no, el corazón que se extrae no podría ser aprovechado para otra persona. Hay que recalcar que jamás sustituirá a alguien que necesita un corazón. Con los pocos que hay, va a ser para quien necesite un corazón entero.
—Cada año nacen en España alrededor de 4.000 niños con cardiopatías congénitas. ¿Qué señales de alerta se dan?
—Las malformaciones congénitas cardíacas, hoy en día, se diagnostican ya desde que se está formando el corazón dentro de la mamá, con ecografía. El problema se puede detectar antes de nacer. Y si se detecta, se va a hacer un seguimiento y ya existe actitud de tratamiento desde pequeño, desde que naces o a los pocos meses. El caso de Mariami, por ejemplo, nos vino detectado antes de nacer. Su madre dio a luz aquí y el seguimiento fue inmediato. Pero es evidente que dentro de las malformaciones, las que requieren intervención son cerca de una cuarta parte, un 25?% de las detectadas, es una prevalencia muy baja. Con todo, a pesar de los avances en el diagnóstico, es posible que alguna pase desapercibida. Sea como sea, cuando se diagnostican se ponen en contacto con centros de referencia, como nosotros, donde barajamos si existen posibilidades de tratamiento, ya sea con válvulas artificiales o, ahora, de tejido humano.
—¿Y las que no requieren cirugía?
—Un gran porcentaje de ellas no necesitan intervención y, a veces, se resuelven solas o lo hacen más adelante, simplemente se hace un seguimiento a lo largo de la vida del paciente. Creo que la atención temprana es fundamental para evitar problemas, como que el bebé se ponga mal al nacer o que nadie se haya dado cuenta porque no se conoce lo que trae. Pero en España, el screening neonatal se hace muy bien, al igual que el diagnóstico prenatal. Da tiempo a explicar las posibilidades que tenemos y a qué nos enfrentamos, para tomar las medidas más convenientes.