¿Cuándo es recomendable acudir a terapia de pareja? «La gente la ve como la última oportunidad, pero hay que venir antes de que el problema sea crónico»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

¿Cuándo es recomendable acudir a terapia de pareja?
¿Cuándo es recomendable acudir a terapia de pareja? iStock

En el Día de San Valentín, un psicólogo detalla las señales de alarma que pueden aparecer en una relación a la hora de pedir ayuda

14 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El amor no siempre es suficiente. A veces, una pareja debe trabajar la comunicación, el compromiso o la confianza, muchas veces, fuente de conflicto. Y, en ocasiones, la ecuación debe contar con un terapeuta que ayude a buscar un punto medio que dé solución al problema. «No tengo interés en ser un juez que diga que uno tiene razón y otro no. Cada miembro de la relación ve el tema desde su punto de vista y construcción de la realidad. Por eso, puede ser que nadie tenga la razón o que por el contrario, ambos la tengan», expone Roberto Antón, psicoterapeuta familiar por la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar (Featf) y presidente de la Asociación de Terapia Familiar y de Mediación de Galicia. Así que, cuando una pareja que busca ayuda entra por su puerta y se sienta en su consulta, su intención es que lleguen a un principio de acuerdo y a una cesión. «De manera que los dos sientan que eso está compensado, que no es desigual, o que uno tira más que el otro», añade el psicólogo.

Los denominadores comunes para que una pareja decida dar el paso de acudir a terapia de manera conjunta se suelen repetir. «Podemos hablar de una ruptura de confianza», detalla. En este saco caen muchas causas: desde una infidelidad, a una adicción, hasta el flirteo a través de las redes sociales. Antón también se suele encontrar con problemas de comunicación. En él buscan un mediador. «Plantean que tienen una dificultad en casa y no son capaces de llegar a un acuerdo. Por eso, piden que alguien ajeno pueda generar un entorno seguro en el cual se puedan comunicar». Otro motivo habitual es la rutina. Donde uno ve estabilidad, el otro ve monotonía. Mientras uno busca hacer planes más tranquilos y centrarse en la familia, el otro prefiere salir de fiesta. «Yo siempre digo que estar en pareja es complejo porque, al final, son dos personas que están en constante evolución y cambio, y con ello, la relación también se transforma», apunta el especialista.

De igual manera, el psicólogo observa que, en las etapas claves de la vida en común, pueden incrementarse los problemas. Tener un hijo, cuando este ya es adolescente o cuando toca cuidar a las personas mayores. «Son momentos en los que la relación se queda a un lado, donde se prioriza a los nuevos integrantes y surgen más dificultades a la hora de llegar a acuerdos», cuenta Roberto Antón.

Para buscar ayuda no hace falta estar al límite. De hecho, es conveniente hacerlo antes de que el problema se vuelva crónico. Muchas parejas acuden dando una especie de ultimátum: «En terapia suelo escuchar mucho que dicen que acudir a consulta es el último cartucho, la última oportunidad. Realmente, cuánto más se enquiste el problema, más difícil es recomponer la brecha que se produce entre ambos», expone. El mensaje parece estar calando. Es más, el terapeuta lleva varios años experimentando un cambio de tendencia. Mientras que antes la relación que buscaba ayuda era la que llevaba muchos años, había niños y mucha historia de por medio, en la actualidad, observa que, cada vez, llegan más parejas que buscan prevenir. «Son más jóvenes, no están casadas ni tienen ningún compromiso más allá, pero sienten que tienen dificultades y acuden a pedir ayuda. Incluso, a veces, lo hacen de manera preventiva porque sienten que algo no funciona como debería».

Hoy en día, la terapia de pareja está tan normalizada como la individual. Por eso, mucha gente conoce para qué sirve y cómo se organiza. El único mito que aún perdura —considera Roberto Antón— es que las personas acuden pensando que es posible cambiar al otro miembro. El especialista lo aclara. «La idea es llegar a acuerdos pero no podemos hacer que alguien sea más cariñoso, por ejemplo». La terapia no hace milagros. Eso sí, Antón sí cree en la evolución y progreso permanente como pareja. «A veces, me he sentado con gente con la que, en una primera sesión, pienso que es imposible. Algo como una infidelidad muy de película o problemas comunicativos muy graves. Y, sin embargo, lo han resuelto», detalla. Por eso, le gusta creer en el trabajo que hace. Ahora bien, no es idealista. Reconoce que, en otros casos, el final no ha sido el esperado. «Ves que hay cosas, aparentemente, pequeñas, como un mensaje entre dos compañeros de trabajo un poco subido de tono, y eso termina con la relación porque produce una ruptura en la confianza muy grande», destaca. En estos casos, cuando el tema está zanjado, es la propia pareja quien se percata de la situación.

Precisamente, la confianza suele ser el núcleo de muchos problemas y soluciones. «Es fundamental en cualquier relación, pero más en un vínculo amoroso. La confianza se rompe cuando la otra persona te ha mentido o te ha negado hasta la extenuación algo que tú sabes que ha pasado», ejemplifica el psicólogo. Si no se resuelve, difícilmente se avanzará.

Esforzarse en que vaya bien

Al contrario de lo que muchos piensan, Antón considera que los dos miembros de una pareja deben esforzarse en que la relación funcione. También que ambos deben hacer cesiones. De lo contrario, es mejor estar solo. «En mi soledad, hago lo que quiero. Pero en pareja, a veces, hay que hacer lo que uno no quiere. Así se juega el equilibrio. Pero todo esto lo compensa el amor, el cariño, el afecto y el sentirse acompañado. Hacer cesiones es lo natural». Así es como el experto lo entiende. En este sentido, recuerda que las relaciones han de cuidarse. Por ejemplo, cuando un bebé llega a la familia, se pierden momentos de intimidad o actividades compartidas entre los dos. «Mantenerlas, que es lo que se debe hacer, implica un esfuerzo», apunta.

La consulta no busca enfrentar a los dos miembros para que se tiren los trastos a la cabeza, aunque en un principio es lo que pueda suceder. La idea es que ambos se vayan mejor de lo que entraron. «No me gusta darle demasiada cabida al origen del conflicto, sino a la solución. A las cosas en las que puede haber una negociación y que se pueden cambiar». Eso sí, a veces toca «abrir melones». «En este caso, se trata de llegar a un principio de acuerdo si es posible sobre un tema que esté enquistado y sobre el que la pareja no pueda hablar salvo si tienen a otra persona delante».

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.