De los diez a los setenta: así cambia la boca y sus problemas con la edad

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Imagen de archivo de un niño en la consulta del dentista.
Imagen de archivo de un niño en la consulta del dentista. Hispanolistic

Paula Matesanz, presidenta de la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración, detalla que el embarazo es un período de mayor susceptibilidad

04 abr 2026 . Actualizado a las 17:56 h.

Que los dientes no son iguales a los veinte que a los sesenta es algo que está claro. Sin embargo, la longevidad que ha ido adquiriendo la población convierte en necesario llegar a los sesenta, edad en la que se asientan las próximas décadas, con una buena salud bucal. Llegados a un punto de la vida, conseguir que las encías estén sanas, los dientes funcionales y la capacidad masticatoria, a pleno rendimiento, es un seguro de más y mejor calidad de vida. «De la misma forma que intentamos tener nuestros órganos internos y otras partes del cuerpo en salud para asegurarnos la calidad de vida en la vejez, la boca debe atenderse dentro de esta misma idea; no solo representa la puerta de entrada al resto del organismo, sino que está interconectada con el resto del cuerpo, pudiendo relacionarse con otras enfermedades a distancia, como la diabetes, los problemas cardiovasculares o algunas enfermedades neurológicas», adelanta la doctora Paula Matesanz, presidenta de la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA) y profesora en la facultad de Odontología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

El recorrido de la boca hasta los sesenta se produce a distintos niveles. «La cavidad oral y sus partes cambian de forma progresiva a lo largo de la vida debido a factores biológicos, funcionales, y ambientales, como es la dieta, higiene, enfermedades, medicamentos», señala la presidenta de la SEPA. Así, por ejemplo, en la infancia, se forman las bases con la erupción de los dientes de leche y el crecimiento de los maxilares, un proceso en el que influyen factores como la alimentación o el uso del chupete. La boca crece con el cráneo y se cuentan veinte piezas. 

A medida que el pequeño crece, la dentición se renueva con la aparición de los dientes definitivos, hasta sumar de 28 a 32 piezas, y el hueso aún permite corregir problemas de alineación mediante ortodoncia.

En los adultos, «el efecto acumulado de la exposición a los diferentes factores de riesgo a lo largo de la vida hace posible la aparición de algunas enfermedades y condiciones, como el cambio de color y el desgaste de los dientes o la retracción de las encías», señala Matesanz, en referencia a hábitos como el bruxismo, el consumo de café o el tabaco. Todo influye. Además, a medida que se suman años, la producción y composición de la saliva puede disminuir, en muchas ocasiones se debe a medicamentos, «lo que reduce su capacidad protectora y aumenta el riesgo de caries e infecciones», añade la especialista. Todo ello impacta no solo en la salud general, sino en el gusto o en la masticación. 

Una evolución que se relaciona, a su vez, con las enfermedades y problemas con los que se encuentran los odontólogos según la edad. Aquí importan los factores locales, como es el caso del estado de los dientes, encías o la saliva; los ambientales, entre ellos, el consumo de azúcares, o la higiene bucal; así como los inmunológicos del huésped. En este último media el sistema inmunitario, o lo que es lo mismo, cómo responde el cuerpo frente a las bacterias y a la inflamación. 

En la infancia «predominan las enfermedades relacionadas con el desarrollo dental, como es el caso de las caries, sobre todo, si hay un consumo frecuente de azúcares», cuenta la odontóloga. Las bacterias de la boca metabolizan esta sacarosa, y como resultado, producen ácidos que desmineralizan y destruyen el esmalte dental. Este proceso repetido en el tiempo acaba debilitando el diente y dando lugar a las cavidades. Y ojo, porque el problema no solo es relativo al azúcar, sino también al hidrato de carbono refinado en general. 

En adultos jóvenes y de mediana edad, la presidenta de la SEPA detalla que aumenta la prevalencia de las enfermedades de las encías, «que pueden ir desde la inflamación gingival (reversible) a la periodontitis, que ya es irreversible»; así como pueden aparecer trastornos funcionales como el bruxismo y lesiones de la mucosa relacionadas con estrés, el tabaco o la irritación crónica. 

Los expertos se muestran especialmente preocupados por la periodontitis, «una infección crónica irreversible que destruye los tejidos que sostienen los dientes», detalla la especialista. Según la iniciativa Principles For Oral Health, la carga mundial de las enfermedades periodontales está aumentando, y se estima, para el momento actual, más de 1.100 millones de casos de periodontitis en todo el mundo. Es más, las previsiones de las que se hablaba para los años 2021 y 2022, se incrementaron en un 12,5 %, un ritmo que se calcula que pueda extenderse hasta el 2030. 

«En la mayoría de los casos se desarrolla en adultos, porque suele ser la progresión de una inflamación gingival previa (gingivitis) mantenida durante mucho tiempo, causada por la acumulación de la placa bacteriana», detalla la odontóloga. Así, se la suele encontrar, en consulta, a partir de la edad adulta, especialmente, en edades medias y avanzadas, «sobre todo, si existen factores de riesgo como tabaquismo, mala higiene oral o enfermedades sistémicas como la diabetes», apunta. Con todo, la doctora recuerda que también se puede presentar en niños y adolescentes. En estos casos, se asocia a factores como la susceptibilidad genética, algunas alteraciones del sistema inmunitario o presencia de ciertas bacterias particularmente virulentas», puntualiza Matesanz. 

Ya en la edad avanzada, los problemas suelen ser más específicos y derivar de los cambios fisiológicos y enfermedades sistémicas. «Siguen apareciendo las caries, pero también debemos atender la aparición de sequedad bucal o xerostomía, y las infecciones por hongos como la candidiasis oral», detalla la presidenta de la SEPA, que también alerta del incremento del riesgo de lesiones potencialmente malignas y cáncer oral, especialmente, en personas con antecedentes de tabaco o alcohol. 

Tabaco y alcohol, un efecto sinérgico

Estos dos hábitos tóxicos son dos de los grandes enemigos de los odontólogos. Ambos alteran los tejidos de la boca, la microbiota oral y los mecanismos de defensa locales. «El tabaco es, por un lado, uno de los principales factores de riesgo de enfermedad de las encías; favorece la aparición y progresión de la periodontitis porque reduce la irrigación de las encías, altera la respuesta inmunitaria y facilita el crecimiento de bacterias patógenas», destaca la especialista. Además, retrasa la cicatrización y se asocia con mayor riesgo de lesiones precancerosas y de tumores orales. 

Por otro lado, el consumo de alcohol habitual o en grandes cantidades puede irritar la mucosa oral y favorecer la sequedad bucal, lo que disminuye el efecto protector de la saliva y aumenta, con ello, el riesgo de caries o de infecciones como la candidiasis oral. 

«Cuando tabaco y alcohol se combinan, su efecto es especialmente perjudicial: ambos actúan de forma sinérgica y multiplican el riesgo de desarrollar cáncer en la cavidad oral y en otras partes de las vía aérea y digestiva», advierte la especialista. Por ello, evitarlos es más que conveniente. 

El embarazo

Si bien la creencia de que cada embarazo hace perder un diente es un mito, la presidenta de la SEPA recomienda que la mujer gestante o con intención de quedarse embarazada acuda a su dentista para comprobar el estado de sus dientes y encías. Si bien no se le considera un paciente de riesgo, «sí es un período con mayor susceptibilidad a ciertos problemas orales debido a cambios hormonales, inmunológicos y de hábitos que ocurren durante la gestación», comenta. 

«Las encías pueden inflamarse, sangrar con facilidad y volverse más sensibles. En algunos casos también puede aparecer el llamado granuloma gravídico, una lesión benigna de crecimiento localizado en la encía que suele desaparecer tras el parto», advierte Matesanz. Por eso, más allá de la clásica revisión, si aparece el sangrado o inflamación de encías se debe consultar. 

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.