No todos los diagnósticos son alzhéimer: «Entre el 30 % y el 40 % de ellos serían demencia LATE»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Imagen de archivo de dos personas mayores contemplando el mar.
Imagen de archivo de dos personas mayores contemplando el mar. CARMELA QUEIJEIRO

Esta reciente entidad clínica cambia lo que se sabe sobre deterioro cognitivo y su diferenciación con respecto a otras resulta clave ante la llegada de los fármacos antiamiloide, que no estarían indicados para este tipo de pacientes

23 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Un grupo de investigadores encabezados por el estadounidense Peter Nelson describieron, por primera vez hace siete años, un nuevo tipo de demencia. La llamaron LATE, el acrónimo en inglés de TDP-43 límbico-predominante relacionada con la edad, y que forma, también en lengua anglosajona, el término «tarde», que va como anillo al dedo si se tiene en cuenta uno de los factores diferenciadores de este tipo de demencia: los expertos consultados indican que los síntomas aparecen a partir de los 80 años de edad.

Puede decirse que su aparición no cogió por sorpresa. «Sí que es verdad que en las autopsias, desde hace años, se encontraban este tipo de lesiones. Parecía algo extraño y ahora, probablemente es la primera o segunda demencia en mayores de 80 años y tiene algunas características que simulan a la enfermedad de Alzheimer y que pueden llevar a confusión», avanza David Pérez, miembro del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Desde ese primer estudio publicado en la prestigiosa revista Brain, la investigación sobre esta nueva patología ha avanzado, pero su aterrizaje en la práctica clínica sigue siendo complicado. En España, «no contamos con datos epidemiológicos porque es difícil diagnosticarla», confirma Pérez. «Los únicos datos que tenemos son de estudios necrópsicos, de gente que dona su cerebro y vemos qué es lo que sucede. En esos estudios, aunque hay que cogerlos con alfileres, sabemos que mayores de 80 años que empiezan con un trastorno cognitivo de este perfil, entre el 30 y el 40 % son debido a una demencia LATE», añade. Por lo tanto, el neurólogo confirma que se trata de una demencia prevalente, pero clínicamente, no existe un estudio epidemiológico que confirme esta realidad.

Los síntomas, similares al alzhéimer

En la demencia o encefalopatía tipo LATE se produce «un cuadro de pérdida de memoria muy progresivo», en palabras de Mario Riverol, neurólogo especializado en enfermedades neurodegenerativas en la Clínica Universidad de Navarra. Unos signos que provocan que, en un inicio se suela confundir con etapas precoces de alzhéimer. «Las diferencias fundamentales recaen en que, generalmente, Late aparece en gente mayor y que la evolución es mucho más lenta», amplía.

Así, al paciente le cuesta expresar cosas que ha hecho recientemente. «Se ve afectada la memoria episódica: conversaciones, reiteraciones de algo que ya ha dicho, olvido de objetos, etcétera», sostiene Pérez. A diferencia del alzhéimer, no suelen aparecer síntomas en otras esferas cognitivas o lo hacen de una forma más tardía, «como trastornos del lenguaje, dificultad en la coordinación espacial y, finalmente, una alteración cognitiva de todas las funciones».

Las causas, desconocidas

Sobre las posibles causas de la demencia LATE, «es verdad que en las patologías neurodegenerativas, muchas veces no tenemos todo el puzle hecho», avanza Riverol. Pero su aparición se suele acompañar de un depósito de proteínas anormales en el cerebro. «En el alzhéimer existe la acumulación de una proteínas que se llaman amiloide y tau; en la demencia Late, lo que se deposita es una denominada TDP-43», amplía. Además, también se conoce dónde lo hace: en el hipocampo, la zona del cerebro que se encarga de la memoria.

«Esta proteína estaba descrita previamente en algunas demencias frontotemporales y en enfermedades degenerativas como la ELA (esclerosis lateral amiotrófica), pero no sabemos por qué se acumula o si realmente es la causa final de la demencia LATE», matiza Pérez. Es decir, todavía se desconoce si la proteína TDP-43 «causa los fenómenos tóxicos y fisiopatológicos de la enfermedad», o simplemente es un acto secundario que aparece en este proceso neurodegenerativo. Otro problema es que, por ahora, su posible acumulación en el cerebro solo se puede detectar con técnicas de neuroimagen. No existen biomarcadores específicos que puedan ayudar a diagnosticar la demencia Late de una forma más rápida y menos costosa.

La necesidad de un diagnóstico preciso

La Clínica Universidad de Navarra tiene en marcha una investigación cuyo objetivo es mejorar la caracterización de este deterioro cognitivo en la práctica clínica diaria, para establecer un abordaje terapéutico más preciso. «Lo que tenemos hasta ahora en estudios es sobre anatomía patológica: pacientes que sufrieron la entidad y que han descubierto lo que pasaba. Nosotros queremos lograr lo contrario: ver si un paciente, con una clínica determinada, lo podemos diagnosticar correctamente de demencia LATE», explica Riverol. Fundamentalmente, están aplicando técnicas de neuroimagen, un PET (tomografía de emisión de positrones), que permiten descartar que tenga alzhéimer, buscando acumulación de amiloide. «En cambio, la resonancia magnética puede llegar a confundir porque en la demencia LATE se da una afectación en la zona del hipocampo, pero esta también se suele dar en la enfermedad de Alzheimer, por lo que no se recomienda», comenta Pérez.

La aparición de biomarcadores plasmáticos «está a la vuelta de la esquina», según el miembro del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la SEN. «Podremos saber si el paciente tiene alteraciones de proteína beta amiloide o tau y eso nos va a permitir, con una prueba relativamente sencilla y poco costosa, poder diagnosticar biológicamente diferentes demencias degenerativas», detalla.

Tratamientos

A día de hoy, no existe un tratamiento dirigido específicamente a tratar la demencia LATE. «Pero también es verdad que esta es una entidad que hemos descubierto recientemente y tampoco contamos con unos criterios diagnósticos para esta enfermedad porque no tenemos buenos marcadores», lamenta Riverol. Si bien, la mejora del diagnóstico de esta reciente entidad clínica «lo que nos permitiría es no aplicar tratamiento», subraya Pérez. «Me explico: probablemente en los próximos meses o, como mucho, años, tendremos disponibles los nuevos tratamientos anti amiloide en la enfermedad de Alzheimer. Si administrásemos este tipo de terapias en la demencia Late, estaríamos abocando al paciente a efectos adversos y a un no beneficio claro», amplía. Por lo tanto, remarca la necesidad de separar ese 30 % o 40 % de pacientes que a día de hoy podrían estar etiquetados como afectados por alzhéimer, cuando no lo son.

Ya existen algunos tratamientos dirigidos a los síntomas que puede provocar el alzhéimer. «Como los inhibidores de la colinesterasa o aquellos dirigidos a los trastornos de la conducta que sí se presentan en esta enfermedad», indica el neurólogo de la SEN. Estos sí podrían ser potencialmente útiles también en aquellos que, en realidad padecen demencia LATE, «porque realmente no estamos utilizando un fármaco específico para el alzhéimer, sino de uno sintomático para algunas vías de neurotransmisores»; de hecho, confirma que «ya deberán estar recibiendo este tipo de tratamientos en la vida real». Con todo, ambos expertos subrayan que las medidas que reducen el riesgo de padecer demencias podrían extrapolarse a este nuevo tipo, la LATE: evitar el sedentarismo, cuidar la alimentación, el control de factores cardiovasculares, la estimulación cognitiva y tener una vida social activa.

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.