A Coruña, escenario del primer trasplante en cerdos de riñones porcinos modificados con organoides renales humanos
ENFERMEDADES
Esta investigación podría contribuir a alargar la vida útil de los órganos destinados al trasplante y ofrecer una alternativa terapéutica para enfermos renales crónicos
31 oct 2025 . Actualizado a las 18:51 h.Un equipo de investigación liderado por el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC), en colaboración con el Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (Inibic), dependiente de la Xunta de Galicia, ha desarrollado una tecnología pionera que permite producir organoides renales humanos de manera escalable, combinarlos con riñones de cerdo fuera del cuerpo y trasplantarlos de nuevo al mismo animal de manera viable. El estudio ha sido publicado en la revista Nature Biomedical Engineering y representa un hito en el campo de la medicina regenerativa y personalizada.
El equipo, liderado por la doctora Núria Montserrat, investigadora ICREA (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados) en el IBEC en el momento del estudio, y actual consejera del Departamento de Investigación y Universidades de la Generalitat de Cataluña, ha conseguido combinar por primera vez esos organoides renales humanos con riñones porcinos vivos, conectados a máquinas de perfusión normotérmica.
Qué son los organoides
«Los organoides no son órganos, sino un conglomerado celular que va a cumplir funciones de este. En este caso, se trata de células madre de organoides renales», avanza Alberto Centeno, coprimer autor del estudio y coordinador de la Unidad de Cirugía Experimental del Inibic. Es decir, un organoide de riñón es una estructura tridimensional, de unas micras de tamaño, cultivada en laboratorio a partir de células madre humanas. Aunque no es un órgano completo, reproduce muchas de sus estructuras y funciones principales. «Sirven para testar nuevos fármacos, ver respuesta a tratamientos, hacer investigación clásica, pero en este caso hemos dado un paso más: ¿nos servirían para reparar tejidos renales dañados o mejorar órganos destinados al trasplante?», amplía.
Con esto en mente, y gracias al uso de dispositivos de perfusión normotérmica, utilizados habitualmente en el quirófano para mantener el órgano vivo y oxigenado fuera del cuerpo antes de un trasplante, ha sido posible insertar organoides humanos dentro de los riñones porcinos y monitorear en tiempo real su integración y función. «El equipo del IBEC era capaz de mantenerlos en condiciones de laboratorio, en placas de conservación y en un ambiente controlado, por lo que nuestro objetivo era ver si el órgano era capaz de integrarlos o no», indica Centeno.
De esta forma, Montserrat confirma que «esta investigación demuestra que la combinación de tecnología de organoides y perfusión ex-vivo puede permitir intervenciones celulares en condiciones totalmente controladas». Se encuentra en fase preclínica y confirma la seguridad y viabilidad del procedimiento. «El objetivo a largo plazo es poder regenerar o reparar un órgano antes del trasplante. Esto podría reducir el tiempo de espera de los pacientes crónicos y aumentar el número de órganos viables para los trasplantes», añade Montserrat.
El trasplante fue llevado a cabo en el quirófano experimental del Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña por los urólogos Javier Rodríguez Rivera y Marcelino González Marín. Y el equipo de investigación observó que, después de 24 y 48 horas de llevarse a cabo la intervención, los organoides humanos persistían integrados en el tejido renal porcino, mantenían su viabilidad y no desencadenaban ninguna respuesta inmune significativa.
El riñón trasplantado continuaba funcionando con normalidad, y no se detectaron signos de daño ni toxicidad. «Al mismo animal que le habíamos quitado el riñón, lo volvimos a introducir en el margen de dos horas que lo hemos tenido en la máquina», resume Centeno. Este traslado de la investigación a un entorno quirúrgico realista y preclínico ha sido posible gracias a la colaboración del Inibic, la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) y otras instituciones, como el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII).
El objetivo: la regeneración de órganos antes del trasplante
«El objetivo es intentar que esos organoides, que sabemos que son sanos, recuperen la función de un riñón patológico; lo que conocemos como medicina regenerativa», cuenta Centeno. Por lo tanto, a largo plazo, esta aproximación podría contribuir a alargar la vida útil de los órganos destinados al trasplante y ofrecer una alternativa terapéutica para enfermos renales crónicos.
«Lo primero que tenemos que demostrar, y lo hemos conseguido con esta investigación que es un hito, es que si yo devuelvo el organoide a un medio fisiológico, dentro de un riñón perfundido por sangre, oxigenada por ella, ese organoide sigue vivo», afirma Centeno. A día de hoy, muchos riñones son descartados porque, cuando se hace la extracción, se ve que no tienen una buena función. «Pero si conseguimos añadirles células de organoides renales sanos, que sean capaces de regenerar ese riñón, tal vez no tendrían que ser descartados porque sí podrían utilizar en el trasplante», añade el experto del Inibic. Así, se aumentarían el número de órganos disponibles para el trasplante.