Donar sangre, 24 horas contra el reloj: «En los hospitales no se suele utilizar de forma conjunta, sino partes de ella»

EL BOTIQUÍN

Una persona realiza una donación de sangre en una unidad móvil. Imagen de archivo.
Una persona realiza una donación de sangre en una unidad móvil. Imagen de archivo. MARTINA MISER

Es un producto vital, transferible y, por el momento, no se puede producir a nivel industrial

11 ene 2026 . Actualizado a las 17:08 h.

Es vital, limitada y, por suerte, transferible. La sangre es el bien más preciado en los hospitales y nace de un gesto tan altruista como la donación; de la decisión de una persona que un día, o varios, se sienta en una camilla para después recibir un bocadillo y un refresco. La contraprestación no tiene precio. Sabe que su decisión salvará o, en el menor de los casos, ayudará a tres personas. Las cifras no mienten. Según Cruz Roja, uno de cada dos residentes de España la necesitará en algún momento de su vida. Otra forma de verlo: cada tres segundos alguien la precisa en el mundo. 

En Galicia, la encargada de hacerlo posible es la Axencia de Doazón de Órganos e Sangue, que cuenta con 28 equipos de hemodonación, formados por más de cien personas, entre ellas, médicos, enfermeras, técnicos en cuidados auxiliares de enfermería (TCAE) y conductores. «La agencia es un centro sanitario muy diferente a cualquier centro de salud u hospital», adelanta su directora, Marisa López, que añade: «Cada día se pone en marcha esperando que más de 400 personas vengan a donar de forma generosa, voluntaria y altruista». 

En todo el territorio gallego, existen unidades fijas situadas en las grandes ciudades y diez móviles, con las que se programan salidas, puntos accesibles, próximos a la población y cómodos. Con todo esto en mente, la programación de las colectas es anual. «Todos vemos las unidades móviles o los bocadillos, que son muy necesarios, pero la realidad es que es una actividad muy compleja», reivindica su directora. 

López reparte, desde hace años, su calendario en campañas. Empieza y despide el año con la de Navidad. «A continuación, pasamos a la universitaria, que tiene dos cuatrimestres, uno en la primera parte del año y otro en la segunda. Luego tenemos nuestra campaña en ciudades, en barrios, con empresas y con muchas otras entidades que colaboran con nosotros», resume. La programación tiene en cuenta a los distintos grupos sanguíneos de la población y, con ello, las necesidades esperadas. Con todo, no son estancas. Si un tipo de sangre está bajo mínimos, se activan todas las alarmas. 

El camino de la sangre, desde que se extrae hasta que se transfunde, empieza mucho antes de lo que la mayoría piensa. Luis Larrea, experto de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) en medicina transfusional y jefe de servicio de procesamiento del Centro de Transfusión de la Comunidad Valenciana, marca el inicio en el trabajo que realiza el equipo de márketing «para atraer a los donantes». «A lo largo del año hay una necesidad continua de sangre y este tipo de departamentos se encargan de hacer una programación anual según lo que esperan que se necesite y previendo unas entradas de sangre a lo largo del año», precisa el también presidente de la Sociedad Española de Transfusión Sanguínea (SETS). 

Estas entradas varían, por ejemplo, según la época del calendario; existen momentos en los que es necesario reforzarse, como la Navidad o las vacaciones. «Contactamos y llamamos a nuestros donantes, muchas veces telefónicamente o a través de SMS en función de las preferencias que ellos describan en la ficha de donantes, y siempre a través de las redes sociales y nuestra web», apunta López.  

Una unidad móvil en la calle García Barbón, de Vigo.
Una unidad móvil en la calle García Barbón, de Vigo. M.MORALEJO

El proceso de donar

Cuando uno se convence de acudir a donar, o es un repetidor en esta tarea, tiene dos opciones: ir a un centro fijo o a uno móvil. En el segundo caso, «solemos hacer unas previsiones de cuánta gente vendrá para poder llevar, tanto un suficiente número de personal sanitario, como de equipos para obtener lo que queremos», explica también el doctor Larrea. Entre los sinónimos de donación podría figurar la planificación. 

López considera que existe una enorme permeabilidad de la agencia en todos los estamentos de la sociedad gallega. Las campañas de visibilidad y concienciación van desde los colegios hasta los centros de Formación Profesional. 

Las unidades móviles gallegas tienen tres espacios destinados, cada uno, a un fin: la consulta médica, la extracción y la recuperación. Todas ellas diseñadas específicamente para la labor que cumplen. Cuando el donante llega, se le hace una entrevista de salud: historia clínica, toma de las constantes, peso del donante, tensión, prueba de hemoglobina y la firma del consentimiento informado. El objetivo está claro. Por un lado, proteger al donante y, por otro, al receptor. 

La siguiente sala es la de donación. «Se pincha a la persona y, a los más novatos, se les transmite tranquilidad», precisa la presidenta de la agencia gallega. Cada camilla —hay cuatro— está unida a un “árbol” que contiene el material necesario. También hay una balanza para cada donación que indica el fin del procedimiento una vez se alcanzan los 450 mililitros. 

El final de la donación termina con la recuperación de líquidos y sólidos. Y sí, aquí entra el bocadillo y la bebida. Galicia, como forma de agradecimiento, realiza una analítica a cada donante, y los resultados le pueden llegar en papel por correo ordinario, o a través de la app del Sergas. 

La sangre custodiada

La trazabilidad se asegura mediante programas informáticos, ya que están obligados a saber el camino que ha recorrido cada donación. Además, «cuando cogemos la sangre, utilizamos unos tubos que sirven para hacer muchas pruebas de laboratorio, entre ellas, de grupo sanguíneo y pruebas de marcadores infecciosos», resume el presidente de la SETS. 

«La sangre se custodia durante la colecta en la unidad móvil a una temperatura constante y cuando termina, tenemos un servicio de recogida, tanto en las móviles como en las fijas, con distintas rutas», precisa López. Todas las donaciones, en Galicia, acuden a los laboratorios centrales de la agencia, situados en el Monte da Condesa, en Santiago de Compostela. Allí se analiza y, lo que es igual de importante, se procesa. 

«En los hospitales no se suele utilizar de forma conjunta, sino partes de ella», detalla el hematólogo. Primero se comprueba el grupo ABO y el factor Rh y, después, se realizan análisis exhaustivos para asegurar que todo el proceso cumple con los máximos estándares de calidad. Una vez verificada, la sangre se fracciona para obtener cada uno de sus componentes por separado: el plasma, el concentrado de hematíes y el de plaquetas

Para ello, el banco o agencia de cada comunidad cuenta con unas 24 horas. «En el momento en el que nos cercioramos de que no hay ningún problema, ni en la manipulación ni en el resultado de analíticas, damos el alta a las unidades», cuenta Larrea. A continuación, se almacena. Se hace por separado, porque cada componente tiene sus propios requerimientos y fechas de caducidad. El concentrado de hematíes debe almacenarse a cuatro grados y tiene una viabilidad de 42 días; unas siete semanas. 

El plasma se congela tan pronto como sea posible una vez obtenido, «ya que intentamos aprovechar al máximo las proteínas que tiene». Se conserva a 25 grados bajo cero con una fecha de caducidad de hasta tres años. 

Por último, las plaquetas, «que es lo que más nos cuesta conseguir porque para una unidad necesitamos mezclar las de cuatro donantes», precisa el experto. En este caso, se mantienen a temperatura ambiente, en agitación continua y con una caducidad de cinco días. «Este componente es lo que más determina que tengamos que tener un aporte continuo de donantes, de lo contrario, tendríamos problemas de suministro», señala el especialista. 

En Galicia, «en el momento en el que se libera el primer componente que se obtiene de la donación, el donante recibe un mensaje agradeciendo el acto y comunicándole que alguien lo va a recibir», señala Marisa López. 

En el 2024, en España donaron sangre o componentes sanguíneos 1.100.771 ciudadanos. De estos, el 17 % fue donante por primera vez. En Galicia, existe un sistema de información en el que la agencia puede consultar las existencias para cada grupo de sangre en cada hospital, y viceversa. «Cada hospital tiene unas previsiones en función de su consumo. No es lo mismo uno comarcal que uno más grande, con una actividad más compleja y donde incluso se hagan trasplantes», señala la directora. 

¿Para qué sirve nuestra sangre?

Cada componente es valioso por los usos que se le atribuyen. En general, los concentrados de hematíes solucionan una anemia aguda. «Cuando alguien sangra en una cirugía en la que hay problemas, si hay una hemorragia digestiva o en un accidente de tráfico», ejemplifica el experto. Con datos: una operación de cadera requiere entre seis y ocho bolsas; un parto complicado, entre cuatro y seis; y un aneurisma roto, entre treinta y cuarenta. 

Las plaquetas se reponen cuando la cantidad de un paciente se reduce o estas dejan de funcionar. La situación más habitual con la que se encuentran en un hospital son los procesos oncológicos, en los que la quimioterapia o radioterapia puede bajar su concentración como efecto secundario. Por ejemplo, los enfermos de leucemia pueden requerir hasta 200 bolsas. 

Imagen de archivo de un autobús de donación de sangre
Imagen de archivo de un autobús de donación de sangre ANA GARCÍA

En tercer lugar, al plasma se recurre cuando existen problemas de coagulación o con el objetivo de fabricar medicamentos derivados del plasma. La situación con respecto a estos últimos resulta preocupante, pues España depende de la producción que haya en Estados Unidos. Para contrarrestarlo, se apuesta por la donación exclusiva de plasma y por los intentos que se realizan a nivel nacional para aumentar estas dosis. De momento, no se consigue llegar a los niveles necesarios que reviertan la dependencia. 

Esta donación es, en esencia, como la de sangre. Sin embargo, es menos práctica. En primer lugar, porque solo se puede hacer en los puntos fijos debido a las máquinas que requiere; y, en segundo lugar, debido al tiempo que el donante debe invertir. Mientras que una donación de sangre habitual lleva unos veinte minutos, una plasmaféresis puede alargarse hasta los 45. 

Mediante esta técnica, la sangre sale del cuerpo de la persona, se extrae el componente necesario, y vuelve al organismo. La buena noticia es que, mientras que en la donación de sangre clásica, el límite de veces al año es cuatro en los hombres y tres en las mujeres, el plasma se puede extraer cada quince días. 

Más plasma y más donantes jóvenes

Al igual que la sangre, el plasma tampoco puede fabricarse, y resulta esencial en muchos problemas. En caso de accidentes graves o grandes quemaduras, la transfusión de plasma puede ayudar a parar las hemorragias y a recuperar el volumen sanguíneo; los pacientes con hemofilia, por ejemplo, también lo necesitan. De lo contrario, pueden sufrir hemorragias porque les falta un factor de coagulación esencial. Otros solo precisan algunas de las proteínas del plasma con las que se elaboran los medicamentos hemoderivados. Por todos estos supuestos, es necesario aumentar las donaciones. 

El presidente de la SETS y miembro de la SEHH observa otra carencia. La falta de donantes jóvenes. «Acuden mucho la gente de mediana edad o los mayores, pero a los de menor edad les cuesta más llegar», añade. Lo pueden hacer todos aquellos que pesen más de 50 kilogramos y que tengan entre 18 y 70 años. Es más, la mayoría de excusas son mitos infundados. No es necesario acudir en ayunas, y se puede donar aún tomando anticonceptivos orales, con la menstruación o habiendo tomado medicamentos como la aspirina o antiinflamatorios. Eso sí, dando aviso al personal médico. 

El uso de las transfusiones también ha cambiado mucho entre los últimos quince y veinte años. Antaño, existía un sobreuso de la transfusión. Sin embargo, «se han realizado muchos estudios para saber cuándo es necesaria la utilización de cualquier de los componentes de la sangre y es algo que, cada vez más, se controla en los hospitales», explica Larrea. De esta forma, se contribuye a reducir los efectos secundarios y a aprovechar los recursos de un bien que es limitado.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.