La diversidad de la vida

Crece la preocupación por las extinciones de especies en la actualidad por el ritmo al que ourren

Especie de gibón descubierta, junto a otras 156, a lo largo de 2017 en el Gran Mekong (Asia)
Especie de gibón descubierta, junto a otras 156, a lo largo de 2017 en el Gran Mekong (Asia) WWF EUROPA PRESS

¿Cuántas forma de vida diferentes existen en nuestro planeta? Aunque los cálculos del número total varían mucho, los científicos calculan que hay 7,77 millones de especies de animales, 298.000 especies de plantas y 611.000 especies de hongos. De ellas, solo han sido descritas y nombradas 1,3 millones. Toda esta enorme variedad de organismos, los genes que contienen y las comunidades a las que contribuyen constituyen lo que los científicos llaman biodiversidad: la diversidad de la vida.

Las especies no están distribuidas de manera uniforme sobre el planeta y el patrón más evidente de la biodiversidad mundial muestra que la riqueza tiende a aumentar hacia el ecuador. Los bosques húmedos de los trópicos son, en general, los ambientes con mayor variedad biológica de la Tierra. Si aceptamos las últimas estimaciones sobre el número total, estas regiones, que representan el 7 % de la superficie del planeta, podrían contener cerca del 90 % de las especies mundiales. Si descontamos de las estimaciones los pequeños insectos tropicales, entonces los arrecifes de coral y, principalmente debido a las plantas con flores, ciertas áreas de clima mediterráneo de Sudáfrica y Australia podrían ser igualmente ricas.

EVOLUCIÓN Y BIODIVERSIDAD

Podría decirse que la biodiversidad surgió al mismo tiempo que la vida en la Tierra. A medida que los organismos fueron evolucionando y adaptándose a nuevos ambientes, aquella fue creciendo. Durante este proceso muchas especies se extinguieron de forma natural. De hecho, todas se extinguirán en algún momento, ya que todas las que han existido han pasado por un proceso de extinción. Sin embargo, a lo largo de la historia de la Tierra el proceso de aparición de otras nuevas ha ido más rápido que el de extinción; es decir, la diversidad biológica ha aumentado.

Entonces, si la riqueza en especies es cada vez mayor, ¿por qué nos preocupan tanto las extinciones que están teniendo lugar en la actualidad? Principalmente porque están sucediendo a un ritmo inusualmente elevado que parece estar relacionado con la expansión de los humanos. En general, las pequeñas poblaciones aisladas son más sensibles a las causas de la extinción (sucesos que afectan a la supervivencia y reproducción de los individuos, catástrofes naturales, cambios en la disponibilidad de alimento, enfermedades, etcétera) que las grandes y conectadas. Y la actividad y presencia humanas tienden a provocar la fragmentación de los grandes ecosistemas con mucha diversidad (como los bosques tropicales o las praderas) y a generar hábitats muy manipulados y pobres en especies (como las plantaciones de cereales o los bosques para explotación maderera). Como resultado, muchas de estas se distribuyen justo del modo que incrementa el riesgo de extinción.

El término biodiversidad, que se utilizó por primera vez en 1986, se popularizó a raíz de la Cumbre de la Tierra que tuvo lugar en junio de 1992 en Río de Janeiro (Brasil). Podríamos decir que actualmente forma parte del vocabulario de uso cotidiano. La biodiversidad funciona como una cuenta de ahorros en la que la evolución ingresa sus capitales. De ahí que sea tan importante para la vida. Que una comunidad de organismos tenga un número grande de poblaciones y especies diferentes también significa que tiene una diversidad genética muy elevada. De este modo, si llegara a producirse un cambio medioambiental muy dramático la comunidad siempre tendría a mano soluciones genéticas para poder adaptarse.

Tomemos por ejemplo el último episodio de extinción masiva, que tuvo lugar hace aproximadamente 60 millones de años. En aquel entonces los dinosaurios ocupaban la cumbre de la pirámide ecológica en la mayor parte de los ecosistemas del planeta. La colisión de un gigantesco meteorito contra la Tierra fue la causa probable de que un denso paraguas de polvo cubriese la atmósfera, impidiendo que la luz del sol llegase a las plantas. Al morir estas, también perecieron los herbívoros y, con ellos, los carnívoros. Solo sobrevivieron los pequeños animales, capaces de aguantar con poco alimento y que pudieron esperar a que el polvo desapareciese y se restableciese la cadena alimenticia. Los mamíferos estaban entre ellos y ocuparon el lugar de los dinosaurios en los ecosistemas. Luego la evolución siguió su camino. Pero, si la vida no hubiese sido tan diversa en ese momento, posiblemente este episodio hubiese supuesto su fin.

Edward Osborne Wilson (1929)

Edward Osborne Wilson es un famoso entomólogo americano y uno de los naturalistas actuales más eminentes e interesantes. Es también el autor de varios libros imprescindibles para la comprensión del complejo mundo de los insectos sociales, como Las hormigas (1990), que le otorgó el premio Pulitzer de 1991 en la categoría de no ficción, o Las sociedades de los insectos (1971). Igualmente se le debe a él la Sociobiología: la nueva síntesis (1975), su obra más famosa y transcendente y uno de los textos claves de la biología contemporánea. Desde los años ochenta, Wilson se ha convertido en uno de los defensores más activos de la diversidad biológica de nuestro planeta. 

Una solución: el desarrollo sostenido

La biodiversidad también supone un recurso de gran valor económico para la sociedad humana, y esta puede ser la clave de los futuros planes de conservación ambiental. Este planteamiento puede parecer egoísta, pero constituye la clave del llamado desarrollo sostenido: la posibilidad de compatibilizar la conservación del medio ambiente con el bienestar económico de la humanidad. La biodiversidad cumple varias funciones ecológicas (purificación del aire y el agua, estabilización y moderación del clima, renovación de la fertilidad del suelo y del ciclo de los nutrientes, etc.) que aseguran muchos de los beneficios que las sociedades humanas han utilizado a lo largo de su historia: agua, alimento, combustible, medicamentos...

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