Duelo de misiles y drones en Irán
INTERNACIONAL
Lo que depare la guerra ilegal de Estados Unidos e Israel contra Irán vendrá determinado en gran medida por la disponibilidad de cada bando en drones, misiles y sistemas de defensa antiaérea para aguantar el duelo en el que ya están sumidos.
Descartada una invasión terrestre y sin perder de vista el pulso naval en torno al estrecho de Ormuz, es en los cielos de la región dónde se dirimirá dicho duelo. Los atacantes cuentan en principio con más medios desplegados en la zona y con una mayor capacidad industrial para reponer las pérdidas sufridas. Se estima que Irán —sometido a duras sanciones internacionales que limitan su capacidad productiva, y castigado militarmente en junio pasado, en el marco de la operación israelo-estadounidense Martillo de Medianoche— está en clara inferioridad de condiciones para soportar una campaña prolongada.
En principio, esta situación debería llevar inevitablemente a la conclusión de que Teherán lleva todas las de perder, en cuanto el paso de los días termine por hace visible su incapacidad para seguir atacando simultáneamente a Israel, a varios países del Golfo y a las instalaciones estadounidenses en la región. De hecho, si el primer día de ataques recíprocos Irán lanzó unos 300 misiles, ahora ya solo se contabilizan unos 30 diarios. En total se calcula que ha empleado unos 700 misiles y unos 1.500 drones en la primera semana. En términos defensivos, ni su aviación ni sus sistemas antiaéreos —incluyendo los S-400 rusos— parecen capaces de neutralizar de forma eficaz las andanadas contra sus instalaciones nucleares y de fabricación de misiles y drones.
En el bando contrario, Estados Unidos cuenta con dos grupos de combate aeronaval desplegados en la zona de operaciones, más toda la munición y medios que ha ido acumulando en estas últimas semanas en sus distintas bases, mientras que Israel no solo dispone de su aviación de ataque, sino también de su sistema de defensa en tres capas: Arrow-3, Honda de David y Cúpula de Hierro, a la que acaba de añadir el Rayo de Hierro (láser). Por descontado hay que asumir que ambos tienen una mayor capacidad industrial que la iraní para cubrir las necesidades de sus unidades de combate. Aun así, se calcula que Estados Unidos solo puede fabricar anualmente unos 600 Patriot y unos 100 THAAD, de los que ya consumió al menos una cuarta parte en la guerra con Irán del pasado año. Y a eso se añade que el coste de un Patriot ronda los 4 millones de dólares, frente a los escasos 50.000 de un dron Shahed.
Con un arsenal estimado en unos 1.500 misiles balísticos, más otros tantos de crucero y unos 6.000 drones de muy distinto tipo, lo previsible sería que Irán regule sus lanzamientos. Más que buscar el imposible aplastamiento de sus enemigos, es más probable que pretenda mantenerlos permanentemente atemorizados, obligándolos a responder a cada objeto volante (para lo que se suelen emplear al menos dos interceptores) con la idea de agotar sus capacidades de acción y así volver a la mesa de negociación. Veremos.