Una oenegé alertó de la posibilidad de que el joven detenido por las protestas en el país fuese condenado a muerte
15 ene 2026 . Actualizado a las 11:57 h.Las autoridades de Irán han asegurado este jueves que Erfan Soltani, un hombre detenido en el marco de la oleada de protestas de las últimas semanas, no ha sido condenado a muerte, después de que una organización no gubernamental alertara de que había sido sentenciado y que podría ser ejecutado durante este miércoles, 14 de enero.
«Soltaní fue detenido durante los disturbios y ha sido acusado de concentración ilegal y de atentar contra la seguridad nacional y de realizar actividades de propaganda contra el sistema y actualmente se encuentra en la prisión central de la ciudad de Karaj», indicó la agencia Mizan del Poder Judicial iraní. «En caso de que se comprueban los cargos presentados en contra del acusado, la sentencia establecida en la ley sería de prisión y básicamente una pena de muerte no está prevista para tal delito en la ley», añadió.
La organización no gubernamental Hengaw alertó el martes de que Soltani hacía frente a una ejecución «inminente» tras un «proceso judicial rápido y opaco», después de ser arrestado en el marco las recientes protestas antigubernamentales en Irán por la crisis económica y el empeoramiento del nivel de vida, que habrían dejado cientos de muertos.
El ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, ha destacado que «no existen planes» para «ahorcar» a los detenidos en el marco de las protestas, después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara a Teherán con «acciones muy firmes» en caso de que empiece a ejecutar a personas detenidas e imputadas en relación con las movilizaciones.
En este sentido, ha reiterado que detrás de las protestas hay «elementos terroristas, liderados desde el exterior» a los que ha acusado de infiltrarse en las movilizaciones y «disparar contra las fuerzas policiales, los agentes y las fuerzas de seguridad», al tiempo que ha reducido a «cientos» los muertos, contradiciendo los balances aportados por ONG como Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, que ha cifrado en al menos 3.428 los fallecidos.