El atentado de Washington desata una caza de brujas contra extranjeros
INTERNACIONAL
Muere una agente de la Guardia Nacional que fue tiroteada por un afgano con problemas mentales derivados de su trabajo para la CIA
28 nov 2025 . Actualizado a las 01:38 h.El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la muerte de una agente de la Guardia Nacional a la que identificó como Sarah Beckstrom, de 20 años. El sospechoso de disparar contra dos miembros de la Guardia Nacional en Washington la víspera de Acción de Gracias es un afgano de 29 años entrenado por la CIA para operaciones paramilitares, que le dejaron traumatizado por la violencia que causó su unidad y enfrentaba problemas de salud mental. Arrastraba el peso de las víctimas que su unidad dejó en Afganistán, según dijo un amigo suyo a The New York Times, a quien habló de lo «duras» que eran las operaciones y lo «difícil» que le resultaba soportar la sangre y los cadáveres, «incluso si eran del bando enemigo».
Rahmanullah Lakanwal, casado y con cinco hijos, probablemente hubiera sido considerado un desequilibrado más en el panteón estadounidense de los que un día se lían a tiros, pero por su lugar de nacimiento y su condición de refugiado será acusado de terrorismo, a pesar de que no se le conoce motivación política. El miércoles recibió un disparo de otro agente de la Guardia Nacional y está hospitalizado en estado grave, al igual que sus víctimas.
Debido al fallecimiento, se enfrentará a la pena de muerte, advirtió la fiscala federal de Washington D.C., Jeanine Pirro, quien se negó a responder siquiera a la pregunta de cómo ha influido el malestar que genera la presencia de la Guardia Nacional en las calles de la capital. «Tenemos que besar el suelo y agradecer que el presidente trajera más fuerzas del orden para asegurarnos de que en la que fuese la cuarta ciudad con más homicidios del país se haya calmado la violencia», opinó la expresentadora de la cadena conservadora Fox a la que el mandatario ha elevado a fiscala de Washington.
El origen de Lakanwal ha permitido desviar la atención del atentado a la demonización de extranjeros que lleva a cabo la Administración de Trump. «No deberíamos vivir asustados en la capital de nuestro país, especialmente si quien viene aquí procede de un país extranjero», subrayó la fiscala
Cruzó todo el país para atentar
El sospechoso residía en la ciudad de Bellingham, al norte de Seattle, y cruzó todo el país en coche para disparar contra los primeros militares que vio al girar la esquina de la concurrida parada de metro de Farragut West, a una manzana de la Casa Blanca. Sus víctimas, la fallecida Sarah Beckstrom, de 20 años, y Andrew Wolfe, de 24, del destacamento de Virginia Occidental, se habían ofrecido voluntarios para hacer guardia en las fiestas de Acción de Gracias, en las que todo el mundo vuelve a casa a disfrutar del pavo con la familia.
En Afganistán, la Unidad Zero a la que pertenecía Lakanwal, estaba acusada de masacres de civiles por parte de organizaciones de derechos humanos. Fueron, a la vez, una de las pocas unidades de las Fuerzas Armadas afganas cuyos miembros no salieron huyendo. Por el contrario, su labor se considera fundamental en la caótica evacuación de los estadounidenses que trabajaban en Kabul. «La Administración Biden justificó traer a Estados Unidos al presunto tirador en septiembre de 2021 por su trabajo previo con el Gobierno estadounidense, incluida la CIA, como miembro de una fuerza asociada en Kandahar», confirmó a Fox News el director de la agencia, John Ratcliffe, para quien «nunca debería haber sido autorizado a venir».
La especial vulnerabilidad en la que habrían quedado en manos de los talibanes estos y otros muchos colaboradores locales del Gobierno estadounidense les dio acceso al estatus de refugiado que ofrecía la Operación Aliados Bienvenidos, a la que se acogieron 76.000 afganos.
El miércoles, después de que este «animal», dijo Trump, disparase a la cabeza de dos uniformados, el presidente ordenó la suspensión inmediata de todos los procesos migratorios de afganos que estuvieran en marcha. La caza de brujas no había hecho más que empezar. Y no se limitará a los afganos.
«Debemos tomar todas las medidas necesarias para garantizar la expulsión de cualquier extranjero de cualquier país que no pertenezca aquí o no aporte ningún beneficio a nuestro país», dijo el presidente en solemne declaración a la nación. «Si no pueden amar a nuestro país, no los queremos».
Solo en ese contexto se entiende la inexplicable alusión a los «miles de somalíes de Minnesota» que, según el mandatario, «están saqueando el país y destrozando lo que fue un gran estado». Para más señas, destacó, sin dar el nombre, a «su representante en el Congreso», a la que acusó de «dar lecciones sobre nuestra Constitución y lo mala que es nuestra nación». La única congresista somalí es Ilhan Omar, que junto con la neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez, la palestina de Detroit Rashida Tlaib y la afroamericana de Boston Ayanna Pressley, forman el escuadrón progresista de la Cámara de Representantes, conocido como The Squad. Ni los legisladores están ya a salvo de la persecución de Trump.