La alerta del FBI sobre un posible asalto no llegó a la seguridad del Capitolio

Los responsables de la seguridad del Congreso acusan a Trump y a las agencias de inteligencia de los fallos de comunicación

Merrick Garland, nominado a fiscal general, durante su ratificación en el Senado
Merrick Garland, nominado a fiscal general, durante su ratificación en el Senado

Nueva York / E. La Voz

La Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por su siglas en inglés) envió la víspera del asalto al Capitolio del pasado 6 de enero una advertencia sobre la posible violencia por parte de los seguidores de Donald Trump, pero los tres responsables de seguridad no vieron el aviso.

La información no llegó ni al entonces jefe de la Policía del Capitolio, Steven A. Sund, ni al sargento de armas de la Cámara de Representantes, Paul D. Irving, ni a su homólogo en el Senado, Michael C. Stenger. Los tres testificaron ayer en este sentido durante la primera sesión de la audiencia abierta por el Senado para examinar los fallos de seguridad que propiciaron la insurrección.

Los testigos explicaron que no vieron personalmente el informe procedente de la oficina del FBI en Norfolk (Virginia) que llegó al Capitolio a través de un correo electrónico enviado sobre las siete de la tarde del 5 de enero. El documento advertía de que los extremistas pro-Trump estaban preparados para una «guerra inminente» bajo amenazas de «romper los cristales» y «patear las puertas» del edificio con el objetivo de paralizar la certificación de la victoria de Joe Biden. Un usuario anónimo filtró el contenido esa misma noche en las redes sociales. 

Preparados para la guerra

Sin embargo, el jefe de la Policía del Capitolio, que dimitió dos días después del asalto, aseguró que esa información nunca llegó a sus manos y que nada de lo que recibió predijo lo que realmente sucedió. Sund señaló que los asaltantes llegaron armados con tubos, palos, bates de metal y gases lacrimógenos. «Estos criminales vinieron preparados para la guerra», dijo.

Los tres responsables de la seguridad del Capitolio en el momento de la insurrección culparon a la Administración Trump y a las agencias de inteligencia por los fallos de comunicación antes de los disturbios. Todos ellos justificaron que el plan de protección del edificio para ese día se adaptó a la información y los recursos que tenían.

Otro de los testigos, Robert J. Contee, jefe del Departamento de la Policía Metropolitana de Washington, culpó al Departamento de Defensa del lento despliegue de la Guardia Nacional y acusó al Ejército de resistirse a enviar tropas a medida que la violencia del asalto aumentaba. «Me sorprendió la respuesta del Departamento del Ejército», declaró.

A raíz de estas declaraciones, el presidente del Comité de Seguridad Nacional del Senado, el demócrata Gary Peters, se comprometió a presionar a las agencias para que centren sus esfuerzos en la lucha contra el terrorismo doméstico, en lugar de seguir con el foco internacional que adquirieron a raíz de los ataques terroristas del 11S en el 2001. 

Prioridades del fiscal

El juez Merrick Garland, candidato a fiscal general de EE.UU., prometió priorizar la investigación del asalto al Capitolio, durante su primera audiencia de confirmación en el cargo. Garland, responsable de la investigación del atentado de Oklahoma City en 1995 cuando un ultraderechista mató a 168 personas con una bomba, alertó de que el país se encuentra en un momento «todavía más peligroso».

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