Draghi acepta con reservas el difícil encargo de formar gobierno en Italia

El tecnócrata no cuenta con una mayoría clara que le apoye en el Parlamento


venecia / e. la voz

Al final Sergio Mattarella ha perdido la paciencia. Sin poder aceptar que la crisis política se prolongara aún más, en una situación de extrema dificultad para el país, el presidente de la República italiana ha decidido pedir a Mario Draghi, el expresidente del Banco Central Europeo y el tecnócrata más respetado de Italia, que forme un nuevo gobierno para hacer frente a la grave emergencia sanitaria, económico-financiera y social.

Draghi ha aceptado el encargo, pero con reservas. Y no es difícil entender por qué. No todo el mundo, en el pendenciero y muy dividido Parlamento italiano ve con buenos ojos su nombramiento. «El problema no es que Draghi carezca de experiencia política», señala Andrea Ceron, profesor asociado de Ciencias Políticas en la Universidad de Milán. «Ya ha habido otros primeros ministros sin experiencia política, por ejemplo el economista Mario Monti o el propio Conte, y han sido capaces de gestionar situaciones muy complicadas. Lo que marca la diferencia es que no hay una mayoría clara que apoye a Draghi», añade. Cabe recordar que las fuerzas populistas y de extrema derecha constituyen una mayoría absoluta tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

Incluso si obtuviera la confianza del Parlamento, Draghi seguiría teniendo enormes retos por delante. Empezando por la salud: de momento Italia es uno de los mejores países europeos en materia de vacunación contra el covid-19, pero el sistema nacional de salud está sometido a grandes tensiones, falta una coordinación adecuada entre las distintas regiones y Roma, y la población italiana es una de las más envejecidas de Europa. Un solo número es suficiente para comprender la gravedad de la situación: hasta la fecha casi 90.000 italianos han muerto de covid-19.

Desafío económico

El segundo reto es el económico. El PIB italiano ha caído casi un 9 % en el 2020, el turismo está agonizando y el desempleo crece, especialmente entre las mujeres. En los comedores para pobres se ven colas interminables de personas en ayunas, en los supermercados hay gente que llena sus carritos solo con arroz y bolsas de ensalada y de pan. Afortunadamente, las empresas del sector manufacturero, que exportan a todo el mundo, resisten.

«El presidente de la República ha acertado identificando a Draghi como líder de un nuevo gobierno», dice Carlo Valerio, presidente de la rama local de la Confederación de pequeñas y medianas industrias privadas de Padua, en el norte de Italia. Al igual que muchos industriales, Valerio cree que Draghi, con sus conocimientos, es el adecuado para reactivar la economía. Draghi tendrá que gestionar los 209.000 millones de euros del Fondo de Recuperación. «Para gestionar 209.000 millones de euros hace falta una persona capaz de entender realmente lo que son 209.000 millones de euros», observa Valerio, «y nuestra clase política no tiene esa capacidad. Draghi sí».

La única opción viable

Desde Molise (en el sur de Italia), Antonio Varrone, director regional de Confindustria, la principal organización representativa de las empresas manufactureras y de servicios italianas, afirma: «La decisión del Presidente Mattarella es seguramente apropiada en este momento, y en mi opinión la única opción viable dado el momento de gran confusión». Recuperar la credibilidad de Italia en Europa, según Varrone, debe ser una prioridad.

La convocación de Draghi por parte de Mattarella ha entusiasmado a millones de italianos, que casi consideran al expresidente del BCE un mago de la economía y un salvador del país. Pero el democristiano Marco Follini, ex viceprimer ministro, se muestra cauto: «Draghi también corre el riesgo de acabar como el economista Monti. En noviembre del 2011, el Gobierno de Monti fue recibido con un gran consenso, pero luego fue a chocar con una realidad, con una Italia que no se transforma mágicamente por el impulso de la élite». Incluso cuando la élite se llama Draghi, la política italiana sigue siendo la política italiana.

Un economista entre los grandes retos y la vida sencilla

v. s.

Mario Draghi es el economista más respetado de Italia, y el economista italiano más estimado del mundo. Los italianos le adoran, y los periodistas le llaman Súper Mario, por el protagonista del conocido videojuego, Mario Bros, o incluso el héroe del euro. Nacido en Roma en 1947, Draghi procede de una familia acomodada, pero a los 15 años sufrió una tragedia: perdió a sus padres.

Gracias a una determinación definida como «fuera de lo común», consiguió terminar el bachillerato (donde brilló como estudiante de latín y matemáticas) y se graduó en economía en la Universidad La Sapienza de Roma. Se doctoró en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, y comenzó una brillante carrera como profesor universitario, y luego como funcionario del Ministerio del Tesoro italiano. En el 2005 fue nombrado gobernador del Banco de Italia, y en el 2011 presidente del Banco Central Europeo (BCE). Bajo su dirección, el BCE evitó el colapso del euro.

El encargado de formar el gobierno de emergencia en Italia puede ser la persona que aporte serenidad y confianza a los mercados, y también quien ayude al país a impulsar su crecimiento con reformas necesarias y que durante muchos años se han ido posponiendo.

Perfil prometedor

El llamado a resolver la crisis política en Italia podrá, entre otras cosas, ayudar al país a gestionar correctamente los 209.000 millones que Italia puede recibir, en forma de préstamos y subvenciones, del fondo europeo de rescate, y también desarrollar un diálogo constructivo con la Comisión y el Consejo Europeos. Al frente del eurobanco adoptó medidas con las que consiguió frenar los ataques especulativos de los mercados, pero su mandato en Italia tiene a partidarios y detractores por su programa de compra de deudas ilimitadas y su política de tipos bajos de interés.

Está casado, tiene dos hijos y es amante del buen vino y de la vida en el campo, como su mujer, Serena. Draghi divide su tiempo entre Roma, la ciudad norteña de Padua (de donde procede su padre) y las colinas de Umbría, en Italia central. Tiene un perro, un braco húngaro al que adora.

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