Moscú aún tiene la llave del destino de Lukashenko


Con todo, el apoyo de Moscú a Lukashenko está lejos de ser incondicional. El hombre fuerte bielorruso ha sido un socio difícil, que frustró repetidamente los intentos rusos de estrechar lazos económicos y políticos. Justo antes de las elecciones, Lukashenko arrestó a más de 30 mercenarios rusos empleados por una compañía militar privada cercana al Kremlin, acusados de planear un golpe (que fueron puestos en libertad rápidamente una vez que comenzaron las protestas). Dado este historial mixto, el Kremlin podría no oponerse a la eventual partida de Lukashenko, e incluso podría facilitarlo, siempre y cuando Bielorrusia permanezca firmemente dentro de la esfera de influencia rusa; y que la transición no parezca resultado de la presión popular u occidental.

Dada la vulnerabilidad de la oposición en Bielorrusia y la necesidad de Rusia de mantener el país en su órbita, países como Francia, Alemania y EE.UU. tendrán que caminar por la cuerda floja política. Deben presionar al Gobierno bielorruso para que detenga la violencia y negocie un fin pacífico de los disturbios, pero al mismo tiempo deben evitar un conflicto abierto con Moscú.

Pueden comenzar reconociendo la naturaleza de las protestas. La oposición bielorrusa está interesada en cuestiones internas, no en geopolítica, y no quiere convertirse en un peón en la lucha antirrusa de nadie. De hecho, los manifestantes entienden que Moscú es económica y políticamente central para su país. Bielorrusia depende de Rusia como mercado de bienes y como proveedor de recursos vitales, como la energía. Ni las protestas ni la intervención occidental cambiarán esa relación.

Los posibles patrocinadores occidentales deben respetar esta dinámica y no convertir al país en un campo de batalla. Sin embargo, pedir una resolución pacífica de la crisis no será suficiente. La Unión Europea y EE.UU. deberían buscar facilitar tal resultado a través de un compromiso diplomático, tranquilo con Moscú, porque el Kremlin tiene la llave del destino de Lukashenko. Deberían ofrecer un alivio de las sanciones a cambio de un acuerdo que ponga fin a las violaciones de derechos humanos y que promueva la responsabilidad política. Hacerlo posicionaría a Occidente para desempeñar un papel económico más importante y ayudaría a crear una apertura para el progreso democrático.

Pero si Occidente intenta forzar una solución agresiva, el resultado podría ser desastroso, sobre todo para los bielorrusos.

(c) 2020 Foreign Affairs. Distribuido por Tribune Content. Traducción, Lorena Maya

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