El fantasma de Hafez Al-Asad


No era Bachar al Asad la persona destinada a suceder al dictador sirio Hafez al Asad, hace veinte años exactamente. El designado era Basel, el hermano mayor, pero murió en un accidente de tráfico. Bachar era un oculista que coleccionaba sellos, así que su padre tuvo que «endurecerle» a toda prisa, enviándole un tiempo al Líbano, la mejor escuela de maquiavelismo político. Y, aun así, cuando subió al poder, Bachar tenía un aire diletante y hamletiano. Su mayor ingenuidad, quizá, fue su pretensión de reformar un régimen irreformable, forjado solo para resistir o perecer. El resultado fue una frustrada Primavera de Damasco, que se quedó en nada, entre otras cosas porque en Siria la oposición interior, formada por antiguos miembros del partido oficial Baath caídos en desgracia, o por islamistas, no era mucho más democrática que el régimen. Bachar intentó entonces, a imitación de China, una reforma económica sin reforma política -Siria era un estado socialista muy estricto-, pero el modelo requería una pujanza industrial y comercial fuera de su alcance.

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El fantasma de Hafez Al-Asad