Siria y Turquía intensifican su pulso bélico en Idlib

En vísperas de la reunión que mantendrán el jueves Erdogan y Putin, los turcos derriban el tercer caza sirio en menos de una semana

Dos hombres lloran ante el cuerpo de un familiarmuerto en un bombardeo sirio sobre Idlib
Dos hombres lloran ante el cuerpo de un familiarmuerto en un bombardeo sirio sobre Idlib

Jerusalén / Colpisa

El Ejército turco derribó este martes un caza sirio en una nueva jornada de enfrentamientos en Idlib, provincia del norte de Siria fronteriza con Turquía, poco después de que Damasco decretara el cierre del espacio aéreo en la zona. «En el marco de la operación Escudo de Primavera que continúa con éxito, fue derribado un avión L-39 perteneciente al régimen», informó el Ministerio de Defensa y, poco después, la agencia oficial siria, Sana, y el Observatorio Sirio de Derechos Humanos lo confirmaron.

Es el tercer caza derribado en una semana -después de que dos SU-24 fueran alcanzados el domingo- en la que las fuerzas de Bachar al Asad han acabado a su vez con tres drones turcos.

La escalada de tensión ha llevado a Recep Tayyip Erdogan, aliado de los grupos islamistas locales, y Vladimir Putin, socio de Damasco, a organizar un encuentro el jueves en Moscú.

En los choques de las últimas horas otro soldado turco perdió la vida y ya son 53 los caídos en Idlib, según Ankara. La nueva operación turca ha causado graves pérdidas en el enemigo, pero las tropas de Al Asad -lideradas por el general Suheil al Hasán, conocido como El Tigre, responsable de la unidad de élite que se encargó de las batallas de Palmira, Deir Ezzor o Deraa- volvieron a avanzar e izaron la bandera nacional en Kafr Batikh, Tarnabé, Dadikh, Shabur, Jubas y en Saraqeb. Esta última es una localidad clave porque su control permite la apertura de la autopista que une Damasco con Alepo. Rusia es consciente de la importancia del lugar para su aliado y por ello desplegó allí a su policía militar. 

Pausa rusa de 48 horas

El nuevo avance sirio se produjo «después de dos días en los que Rusia no dio apoyo aéreo al régimen». «Mientras este apoyo se mantenga, las fuerzas de Al Asad podrán avanzar o, al menos, mantener el control de las zonas recuperadas», apuntó el investigador del centro de estudios Chatham House, Haid Haid, a la cadena Al Yazira. Esas 48 horas fueron, según los medios rusos, las que Putin otorgó a Erdogan para permitirle una represalia por la muerte de 34 soldados en el bombardeo del pasado jueves. El Ejército sirio lanzó el 1 de diciembre una ofensiva a gran escala para recuperar esta provincia controlada por el brazo local de Al Qaida. El avance fue imparable hasta que llegaron al límite de los doce puestos de control con los que cuenta Turquía tras un acuerdo alcanzado con Rusia.

El bombardeo del jueves y el alto número de bajas turcas hicieron que Ankara pusiera en marcha la operación Escudo de Primavera para hacer retroceder a Al Asad y «frenar la ola migratoria», según el Ministerio de Defensa, en alusión a los 900.000 sirios desplazados por los combates que esperan junto al muro de separación para cruzar a territorio turco. La violencia en Idlib ha provocado una nueva catástrofe humanitaria.

La ONU responsabilizó ayer a Rusia de dos ataques perpetrados en el 2019 en los que murieron en total más de 60 civiles y 150 resultaron heridos. Su informe acusa a las fuerzas rusas de llevar a cabo «ataques indiscriminados en áreas civiles».

Moscú rechazó este martes «enérgicamente» las acusaciones y el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, aseguró que las operaciones citadas en el informe «se hicieron literalmente uno o dos días después de que los terroristas en Idlib comenzaran su ofensiva contra las fuerzas sirias».

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