En inglés spoiler significa «algo que echa a perder una cosa» y como saben sobre todo los jóvenes se refiere generalmente a contar el final de una película o una serie, o a revelar detalles que arruinan la emoción de la incertidumbre. O sea, lo que antes se llamaba «destripar» una película. Es lo que ocurre con otro anglicismo inevitable: el impeachment de Donald Trump. Ya se sabe que no resultará en su destitución, porque los números no dan. Se supone que no habrá nuevas revelaciones, porque el asunto es muy simple y los giros de guion previsibles. Y lo peor de todo es que no se trata ni siquiera de una obra original sino de una franquicia de la que ya se han estrenado sucesivas secuelas (el escándalo de la interferencia rusa, el de la actriz porno, el del tráfico de influencias...) todas con gran éxito de crítica, pero no tanto de público. Así que el impeachment corre el riesgo de acabar como la última película de la serie de La Guerra de las Galaxias, de la que ya se han hecho pases de prensa. Según los que la han visto, lo que tendría que ser el gran final feliz de la saga resulta un tedioso sinsentido.

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Un «impeachment» con «spoiler»