Todavía el jueves, mientras votaban en Gran Bretaña, se podía ver en el telediario de una cadena española a una enviada especial hablando de la «impopularidad de Boris Johnson» y de cómo podría, incluso, «perder su propio escaño». Seguían tres o cuatro entrevistados a pie de calle, todos ellos «alarmados por la perspectiva del brexit». Esta es la clase de pésima información y análisis disparatado que han dominado la prensa internacional durante tres años respeto a la política británica. Quienes lo hayan seguido por un medio que no sea este periódico, no entenderán hoy nada: los conservadores han logrado el mejor resultado porcentual de cualquier partido en medio siglo; Boris Johnson, lejos de perder su escaño, lo conserva con una mayoría aumentada de más del 52 %. Y el brexit ha recibido, de forma indirecta, el espaldarazo definitivo de los votantes. Es el partido netamente antibrexit, el Liberaldemócrata, el que ha sido laminado, y es su líder, Jo Swinson, ella sí, quien se ha quedado sin escaño; como se han quedado sin escaño todos y cada uno de los diputados conservadores que, glorificados por la prensa como «la voz del pueblo», se opusieron en el parlamento al veredicto democrático del referendo del brexit del 2016. Brexit será una mala idea o no, pero el trabajo del periodista no consiste en escribir una carta a los Reyes Magos sino en tratar de entender la realidad para predecirla con la mayor precisión posible, y que el lector sepa así a qué atenerse.

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El fin de los espejismos sobre el «brexit» y Boris