O «brexit» y elecciones o elecciones y «brexit»

Boris Johnson visitó este viernes una escuela en Milton Keynes
Boris Johnson visitó este viernes una escuela en Milton Keynes

En el asunto del brexit, la dilación nunca es simple retraso. Siempre implica una táctica. Es el caso de la decisión de este viernes de la UE de dejar en el aire hasta la semana que viene la prórroga a Gran Bretaña. Hay dos razones. Una, medio oculta, es que Francia no acepta las presiones de Donald Tusk, el presidente del Consejo, que pretendía que la decisión se tomase en una reunión de embajadores dirigida por él. París cree, y con razón, que Tusk está manipulando a los jefes de Gobierno de la UE para que concedan una prórroga larga, no solo hasta el 31 de enero sino incluso más allá. Tusk pertenece a la facción de europeístas radicales que todavía fantasean con evitar la salida de Gran Bretaña de la UE, y que creen que, dejando la cuestión abierta durante meses, ocurrirá algo que conduzca a un segundo referendo. Francia, en cambio, entiende que la UE ya ha firmado un acuerdo con el Gobierno británico y que sabotearlo sería desleal, además de una intromisión en la política británica. Macron, además, teme las consecuencias que podría tener para el proyecto europeo forzar a Gran Bretaña a permanecer en la UE contra el deseo mayoritario de su electorado. Por eso, propone una prórroga corta, de dos o tres semanas. Esto obligaría a Westminster, que ya ha votado a favor del acuerdo con la UE, a oficializarlo de una vez por todas, bajo la amenaza de que, si no lo hace, el Reino Unido acabará saliendo sin acuerdo.

La otra razón por la que la UE ha decidido retrasar la decisión es más obvia: quiere saber qué ocurrirá el lunes, cuando el Parlamento británico vote sí o no a unas elecciones generales. Si se convocasen estas sería necesaria una prórroga larga para que se pueda votar en diciembre y haya un tiempo razonable para formar Gobierno. Es decir, sería la prórroga de tres meses. Pero si, como parece por ahora, el Partido Laborista bloquea las elecciones (las encuestas dicen que las perdería de calle), ganaría fuerza la propuesta francesa de una prórroga corta, o al menos flexible, para que se apruebe el brexit cuanto antes. Esto no está garantizado, considerando la insistencia del lobby antibrexit que encabeza Donald Tusk y que apoya desde el Parlamento europeo Guy Verhofstadt.

En cualquier caso, una vez más, Johnson ha jugado bien sus cartas. Si no hay elecciones quizá pueda asegurarse esa prórroga corta y lograr su propósito de hacer aprobar su brexit blando. Después puede esperar pacientemente por los comicios. Si, para sorpresa de todos, los laboristas aceptan el lunes ir a las urnas, Johnson tendrá la posibilidad de ampliar su mayoría y aprobar luego su acuerdo, incluso más cómodamente. Por supuesto, esto depende de que las encuestas que le dan como ganador se confirmen, lo que, como sabemos, nunca hay que dar por supuesto. Pero digamos que las incertidumbres que ocupan a Johnson tienen mejor pinta que las que preocupan a los laboristas y a los que rechazan el resultado del referendo del brexit.

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