Un voluntario del Open Arms: «Nuestra máxima satisfacción es quitarle al mar una vida que quiere robar»

Antía S. Aguado / M. V. LA VOZ

INTERNACIONAL

CEDIDA

Sergio Covelo, socorrista que colaboró con la ONG hace dos años, expone la realidad que hay detrás de los rescates en el Mediterráneo central

22 ago 2019 . Actualizado a las 19:16 h.

«No somos héroes. Ni salvadores». Sergio Covelo, asturiano de 24 años, siempre lo tuvo claro. Dos misiones con diferentes ONGs y un ingreso en Salvamento Marítimo después, lo tiene todavía más claro. «Los héroes son las personas que desde el minuto cero han dejado su vida atrás para buscar una esperanza en un mundo que saben, de sobra, lo difícil que está». Aunque se encuentren a bordo de las embarcaciones por pura convicción, por vocación, reconoce que sacar a alguien de una situación de riesgo desemboca en una sensación emocional de «satisfacción». Y es que, su ambición no es otra que quitarle una vida al mar, que este quiere robar.

El mar Egeo. El Mediterráneo central. La frontera Sur. Diferentes lugares, diferentes recursos, pero mismo problema. La primera misión de Covelo situó al joven en Lesbos. Con una pequeña ONG asturiana, relata cómo hacían guardias en las costas. Desde allí, se avistaban las pateras. «Una vez en tierra, se les ayudaba, se les daba soporte, se les cambiaba de ropa. Se hacía lo que se podía con los pocos medios que había. Que eran prácticamente ninguno», apunta.

Con Open Arms comenzó su segunda aventura. De eso, hace ya más de dos años. En el Mediterráneo, los rescates cobraban un aspecto diferente. «Directamente los gestionaba el Maritime Rescue Co-ordination Centre (MRCC) de Roma, que es a la que le llegan los avisos de patera en peligro», reconoce. Una entidad que encargaba, teniendo en cuenta los medios disponibles, el rescate a cualquier barco que estaba en la zona: «Ya sea mercante, de una ONG, un pesquero, de la propia guardia costera italiana o cualquier buque militar», especifica Covelo.

Un rescate en el Mediterráneo

Se vive una situación sin precedentes. Un movimiento nunca visto. Y, ante esta problemática, no hay ningún manual que especifique qué se hace primero, y cuáles son los pasos a seguir. «Desde hace tres años, el propio manual lo estamos haciendo las personas que nos dedicamos a esto», resume el joven. Explicando el procedimiento de rescate relata su experiencia con Open Arms. A bordo del buque Golfo Azzurro, se dirigían a la patera en situación de emergencia.

Tras el reparto de chalecos, los integrantes de la maltrecha lancha estaban a un paso de estar a salvo. La situación había sido asegurada. «La gente estaba nerviosa, y cualquier movimiento puede terminar en desastre. Las pateras son de un material muy endeble, el cual no soporta pesos. No tienen certificados, están hechos de manera casera. En cualquier momento se puede pasar de una situación que está en relativo control a un caos», apunta. Llegar rápido. Asegurar. Rescatar. Al buque nodriza. Y rumbo a un puerto seguro. El procedimiento no cambia. Y su intención, tampoco: exponer «a las personas el menos tiempo posible a una situación de riesgo».

Dos años después, la realidad es muy diferente. Molesto, reconoce que «ahora la situación es totalmente distinta. No hay más que ver los 19 días que estuvo el Open Arms parado sin ningún puerto seguro».

Les saludamos, intentamos que sepan que no somos enemigos

Ansiedad. Estrés. Traumas. Violencia. Torturas. Miedos. Una travesía difícil, y una vida abandonada. «Son personas que han sufrido bastante a nivel psicológico y físico. Ponen sus vidas constantemente en manos de mafias que buscan el máximo lucro posible a costa de su desesperación», afirma Covelo. Un estrés constante se apodera de ellos. Horas perdidos, un hacinamiento, y un devenir incierto, desemboca en dudas. En miedo. Unas sensaciones que se agravan cuando divisan una embarcación de rescate: «Ese miedo se transforma en nerviosismo, en ganas de que les saquen de allí. Y eso puede tornarse en una situación súper peligrosa. Algo que tenemos que evitar a toda costa».

En el acercamiento pesa la experiencia del rescatador. Cómo actúa con las personas. Todo ello sin ningún manual. Sin una teoría más allá de la propia vivencia, de los años de dedicación y esfuerzo. Aunque entran en juego muchos aspectos, Covelo reconoce que deben «mantener la calma, la mente fría» y, sobre todo, «abstraerse un poco de la situación». Y, a pesar de que cada situación es un mundo, y cada una requiere un procedimiento, si algo deja claro el asturiano es que evitar el mayor número de muertes posibles, siempre está en su cabeza.

«Les saludamos, intentamos que sepan que no somos enemigos, que no somos policías, que no somos más traficantes que les vamos a extorsionar. Somos los que vamos a salvar un poco la situación, porque no somos héroes», relata el joven. Una vez a bordo, comienzan las idas y venidas. «El mayor trabajo». Se les proporciona mantas, agua, comida (si cuentan con ella a bordo), ropa. Y, sobre todo, se les hace entender que la siguiente parada es un puerto seguro. Que una etapa se ha cerrado, pero que comienza otra nueva. Una etapa muy dura. Un intento de calma, con la humanidad de fondo. Una humanidad que, afirma Sergio, «les lleva faltando meses, o muchos años». Horas de deriva, y muchos sueños, llenan ahora su mochila.

Las historias, el pasado, forma parte de las personas. Y los idiomas no han impedido al socorrista acercarse a los refugiados. Incluso, reconoce que en más de una ocasión ha recurrido a los gestos para poder comunicarse con ellos. «Normalmente depende de cómo vengan, lo que hayan sufrido, son más reticentes a abrirse o no. Depende también del tiempo que lleves con ellos a bordo. Juegan los tiempos, el nivel de confianza que puedas llegar a tener con una persona...», reconoce. Y las historias que ha escuchado dejarían impactado a cualquier oyente. Unas historias que «hacen valorar muchísimo lo que tienes y, sobre todo, valorar lo que tú creías que era algo que ya estaba dado. Aprendes a ver cosas que antes no veías».

El difícil y complicado momento por el que se atraviesa no deja indiferente a Covelo. Ni debería dejar a nadie. Afirmando que «estamos en un punto en el que casi hay más gente en contra de todas las labores de salvamento marítimo en el Mediterráneo central que a favor», no duda en pronunciarse. Poner la verdad sobre la mesa forma parte fundamental de su pensamiento. Explica cómo mucha gente, cansada «de ciertas situaciones económicas y sociales, ha puesto un enemigo común, y apedreable: el inmigrante». Educación, sensibilización y visibilización. Tres aspectos necesarios sobre los colectivos a los que se rescata. «No de las ONGS, porque las tenemos muy vistas». Y es que, Sergio Covelo, insiste en que «las dejen rescatar; pero a las personas, que las dejen vivir».