Al Asad acecha el último bastión rebelde en Siria

Las fuerzas del régimen avanzan hacia Jan Shijún, ciudad clave para aislar Idlib, la única provincia que escapa de su control

La aviación siria y rusa han castigado duramente desde hace meses las localidades de Idlib
La aviación siria y rusa han castigado duramente desde hace meses las localidades de Idlib

Beirut / E. La Voz

El régimen de Bachar al Asad avanza en su ofensiva en Idlib, la última provincia siria que escapa su control y que está en manos de rebeldes y grupos yihadistas desde el 2015. El Ejército regular sirio tomó el miércoles de los pueblos de Tel Aas y Kfar Ean, tras ganar el control de Al Hobeit el pasado domingo, en su avance ofensivo por el sur de Idlib tras la escalada de ataques aéreos desde el pasado 30 de abril.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) ha documentado desde el pasado 11 de agosto, 88 ataques aéreos del régimen y 66 de la aviación rusa, con un balance de 29 soldados regulares y 25 yihadistas muertos. En los últimos tres meses, las bajas militares han ascendido a 1.254 rebeldes y yihadistas y 1.124 soldados del régimen según datos del OSDH.

La captura de Al Hobeit es solo «un paso más» para llegar a Jan Sheijun, según el analista del think tank Crisis Group, Sam Heller, una ciudad clave ya que de tomarla «el Ejercito sirio podrá desconectar el sur de Idlib» con el resto de la provincia en manos rebeldes. En caso de que el Ejército se adentre hacia el interior, en áreas más pobladas, Heller advirtió de que el coste humanitario «aumentaría sustancialmente». 

Coste humano

Desde el inicio de los ataques el 30 de abril, el OSDH ha contabilizado 898 muertes de civiles (entre ellos 221 menores de edad), aunque la ONU estima las bajas civiles en 500. En Idlib residen 3 millones de personas, un tercio de ellos menores de edad-, la mayoría llegados a medida que Al Asad retomaba el control de plazas rebeldes en el resto del país.

En los últimos tres meses, 17 pueblos de la provincia de Idlib han sido arrasados, según imágenes del satélite de Unosat, y más de 100 infraestructuras civiles como escuelas y hospitales han sido destruidas o dañadas, según datos de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. La Organización Mundial de la Salud cifra en 39 los ataques a hospitales y centros sanitarios.

A raíz de estos ataques, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, anunció el 30 de julio una investigación con el fin de averiguar si las coordenadas GPS de hospitales facilitadas a Rusia habían sido empleadas por el régimen sirio. La Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michel Bachelet, recordó en un comunicado que los «ataques intencionales contra civiles constituyen un crimen de guerra». 

El papel de Ankara y Moscú

La ofensiva en Idlib tiene su origen en el fracaso del acuerdo Sochi por el que en septiembre del 2018, Turquía se comprometió con Rusia a «vaciar de ‘terroristas’ la zona desmilitarizada del interior de Idlib» a cambio de que el Ejército de Al Asad no atacara, según explicó el analista Sam Heller. Sin embargo, Turquía, que apoya a grupos opositores en Idlib, no consiguió que la milicia que controla la provincia, el grupo yihadista Hayat Tahrir al Sham (HTS), cumpliera el acuerdo y se retirara de ciertas áreas des-militarizadas.

Hayat Tahrir al Sham, antiguo Frente Al Nusra (filial de Al Qaida en Siria) cuenta con 20.000 combatientes y la ONU lo incluye en la lista de grupos terrorista. A principios de año, la oenegé Human Rights Watch denunció detenciones y torturas cometidas por HTS contra los residentes de Idlib.

El destino de estos combatientes yihadistas en caso de ofensiva total preocupa a los expertos. «Si hubiera una gran ola de desplazados hacia Turquía, algunos de los combatientes se camuflarían entre los civiles» explicó Heller.

Una vía para evitar una ofensiva total en Idlib implicaría que Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan «renueven su acuerdo bilateral de manera que Rusia retira su apoyo activo al ejército regular sirio en esta ofensiva» apuntó Heller.

Respecto al papel de potencias europeas, aunque secundario, cabe tener en cuenta que Moscú busca que los gobiernos europeos normalicen sus relaciones con el régimen de Bachar al Asad. «Si se vincula la negociación del alto fuego en Idlib con puntos atractivos para Rusia (como las inversiones en la reconstrucción o el restablecimiento de conexiones diplomáticas con Damasco) es posible que Rusia se contenga». Sin embargo, por el momento, la aviación rusa y siria continúan sobrevolando el cielo de Idlib.

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