Un niño rebelde fabricado en los templos de las élites británicas

Boris Johnson
Boris Johnson

Quien quiera ver en Boris Johnson (Nueva York, 1964) a un clon de Donald Trump exportado al Reino Unido comete un grave error. Culto e inteligente, Johnson ha coqueteado descaradamente con el populismo y el patriotismo para cosechar apoyos entre las bases electorales conservadoras, pero está muy lejos de las toscas formas del presidente norteamericano.

Johnson es un tradicional producto de las élites británicas. Estudiante en las exclusivas aulas de Eton, se graduó en Estudios Clásicos en Oxford. De ahí pasó al periodismo, que últimamente parece el camino más corto para llegar a la política. Primero trabajó en The Times, de donde cuenta la leyenda que fue despedido por inventarse una cita. Fichó por The Telegraph, que lo envió como corresponsal a Bruselas. Allí forjó su mito. Entre 1989 y 1994 se convirtió en el azote de las instituciones europeas, contribuyendo como ningún otro a formar en el imaginario colectivo de los británicos una caricatura de la UE como un dinosaurio dominado por burócratas derrochadores.

De regreso a Inglaterra, saltó al estrellato como alcalde de Londres (elegido en el 2008, volvió a ganar en el 2015) y fue uno de los grandes defensores del brexit en el referendo del 2016. Duró dos años como ministro de Exteriores de May (2016-2018) y ahora es el claro favorito a sucederle. Insiste en que el 31 de octubre habrá salida de la UE con o sin acuerdo.

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