Assange teme una larga pena en EE.UU. mientras Suecia estudia reabrir su caso

Corbyn reclama a May que no acceda a la extradición que solicita Washington

Varias personas se manifiestan en apoyo del líder de Wikileaks, detenido en la embajada de Ecuador en Londres
Varias personas se manifiestan en apoyo del líder de Wikileaks, detenido en la embajada de Ecuador en Londres

redacción / la voz

La detención de Julian Assange el jueves en la Embajada de Ecuador en Londres, donde llevaba siete años asilado, ha llevado a la Justicia sueca a poner de nuevo el foco en el procedimiento contra él por presuntos delitos sexuales, una iniciativa que, según los abogados del fundador de Wikileaks, tiene pocos visos de prosperar. Lo que sí temen en su círculo es que su extradición a EE.UU. pueda exponerlo a una condena de décadas de cárcel y no de un máximo de cinco años, como adelantó el Departamento de Justicia estadounidense que le correspondería por los cargos que le imputa.

«Creemos que la acusación que se ha presentado con la solicitud de extradición es solo una parte de la historia. Vendrán más, se agregarán más cargos», declaró a los medios el director de Wikileaks, Kristinn Hrafnsson.

Contra la extradición también se ha pronunciado el líder de los laboristas, Jeremy Corbyn, aunque su postura no es unánime en la formación. «El Gobierno británico debería oponerse a la extradición de Julian Assange a EE.UU. por revelar pruebas de las atrocidades en Irak y Afganistán», escribió Corbyn en Twitter. Un sector del partido considera, sin embargo, que no deben minimizarse las acusaciones de la Fiscalía sueca contra Assange, que fueron las que motivaron inicialmente la persecución penal.

Sea en Suecia, en el Reino Unido -donde Assange fue condenado el jueves por violar los términos de su libertad condicional en el 2012- o en EE.UU., que lo acusa de filtrar en el 2010 más de 700.000 documentos clasificados, lo que ayer reclamó la ONU para el líder de Wikileaks es un procedimiento justo. «Esperamos que las autoridades implicadas se aseguren de que el caso de Assange es tratado con el proceso debido y de acuerdo a su derecho a un juicio justo, también a la hora de cualquier extradición», señaló una portavoz del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.

Australia ya ha anunciado que Assange recibirá asistencia consultar y será visitado en prisión por funcionarios diplomáticos, aunque ha subrayado que no recibirá un trato especial. Assange, que permanece detenido y se enfrenta a una condena en el Reino Unido de hasta un año de cárcel, deberá volver a comparecer el 2 de mayo ante el Tribunal de Magistrados de Westminster, que iniciará el proceso para estudiar el caso de extradición.

La investigación en Suecia, por la que el país también pedía la extradición de Assange, se cerró en mayo del 2017, ante la imposibilidad de hacerla avanzar tras recibir Assange el amparo de Ecuador en su embajada británica.

Las autoridades suecas han recordado, sin embargo, que la presunta violación por la que estaba siendo investigado el australiano prescribe a mediados de agosto del 2020, por lo que el caso podría volver a activarse.

Assange, el fin de la utopía «hacker»

Sus extrañas alianzas con Rusia y el supuesto papel, exagerado o no, de WikiLeaks en la intoxicación de las elecciones norteamericanas del 2016 que elevaron a Donald Trump a la presidencia, han llevado a su desprestigio y al de Internet como herramienta política de cambio

El caso Assange es, en sí mismo, un resumen de algunos cambios que han sucedido en los últimos años. La detención el jueves del famoso hacker, su aparición esposado en la puerta de la Embajada de Ecuador en Londres, envejecido, con barba de profeta y ojos de anacoreta al que visiblemente molestaba la luz natural, significa el fin de una extraña aventura inmóvil, pero también de otras cosas. La conclusión del ciclo bolivariano en América del Sur ha dejado desprovisto a Assange de su protección en la legación ecuatoriana. El auge del movimiento #MeToo le ha privado del apoyo de un sector crucial entre los medios y la clase progresista. Las extrañas alianzas de Assange con Rusia y el supuesto papel, exagerado o no, de WikiLeaks en la intoxicación de las elecciones norteamericanas del 2016 que elevaron a Donald Trump a la presidencia, han llevado a su desprestigio, al de Internet como herramienta política de cambio y al de la contradictoria utopía hacker de transparencia y anonimato que proponía Assange.

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