Salvini: «Podemos vivir sin Francia»


Roma / Colpisa

Entre las pocas cosas que tienen en común el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga, los socios del Gobierno italiano, está el odio a Emanuel Macron, del que no soportan su europeísmo convencido. Ya cuando estaban en la oposición los dos partidos le dedicaban críticas que se han acentuado tras su llegada al poder. Sus líderes, Luigi Di Maio y Matteo Salvini, compiten entre ellos a ver quién consigue tocarle más las narices al presidente francés. Ayer le tocó el turno a Salvini: «Podemos vivir sin Francia, no sin los franceses, que son un pueblo estupendo. Evidentemente, quien está gobernando tiene las ideas un poco confusas». Sus palabras llegaron un día después de que París llamara a consultas a su embajador en Roma como respuesta al último feo que le había hecho Di Maio a Macron: reunirse en París con un dirigentes de los chalecos amarillos, entre ellos el exaltado Christophe Chalençon.

Para empeorar aún más la relación, Salvini, que ocupa el cargo de ministro del Interior, anunció que «convocaba» a su homólogo francés, Christophe Castener, a que le visitara en Roma para tratar de «resolver la situación». Pretendía hablar con él de dos temas calientes. El primero es la negativa que ahora da Francia a acoger a los inmigrantes desembarcados en Italia a finales de enero del buque Sea Watch, que ante del estallido de la crisis entre ambos países se había comprometido a recibir. Para Salvini supone la gota que colma el vaso, pues París «ha rechazado en los últimos dos años a 60.000 inmigrantes».

El otro asunto era aún más delicado: la entrega a Italia de 15 nacionales residentes en Francia a los que las autoridades de Roma consideran terroristas. Por el momento parece que Salvini se va a quedar con las ganas de hablar en persona de estos temas con Castener, a quien no se le escapó el tono chulesco de su homólogo y respondió ante los medios que él «no se hace convocar por nadie».

Di Maio trató de echarle la culpa de la situación a París y aseguró que los miembros de su Gobierno son «zen», por lo que siempre han tenido «la mano tendida». Incluso envió un artículo al diario Le Monde en el que subrayó el aprecio por un «país amigo», aunque cometió a continuación otra más de sus habituales metidas de pata. Habló de la «milenaria tradición democrática» gala pese a que son solo 230 los años que se cumplirán el próximo julio desde la Revolución Francesa con la que se puso fin al absolutismo y echó a andar la democracia. El error fue objeto de burla por el opositor Partido Democrático, cuyos miembros exhiben estos días banderas francesas en las redes sociales en solidaridad con Macron.

Consecuencias económicas

El pique entre Roma y París, el más grave desde la Segunda Guerra Mundial, ha superado el terreno de lo político para saltar a la economía, lo que puede ser aún más peligroso para los intereses italianos, como advirtió Vincenzo Boccia, presidente de Confindustria. Ya hay un posible ejemplo. La retirada de Air France en la puja por hacerse con Alitalia respondería a la situación de choque político, según el diario económico Il Sole 24 Ore.

Esto, el día en que Francia justificó la escalada de tensión como un toque de atención a Italia, pero sin romper el diálogo. «Era importante poner las cosas en claro», dijo, el portavoz del Gobierno francés, Benjamin Griveaux.

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