Miles de personas se manifestaron contra la violencia policial
03 feb 2019 . Actualizado a las 09:05 h.Ayer Francia volvió a prepararse para el «acto XII» de los chalecos amarillos. Esta vez, las protestas se centraron en la violencia policial, particularmente en el uso de las escopetas de pelotas de goma, cuyo utilización por parte de las fuerzas del orden ha dejado lesiones graves. Unos 30 chalecos amarillos heridos durante los últimos dos meses y medio encabezaron el cortejo parisino, de unas 8.000 personas, según el Ministerio del Interior.
A diferencia del sábado anterior, los chalecos amarillos no se toparon con los pañuelos rojos, el contramovimiento que surgió en Facebook a mediados de diciembre para «defender la democracia y las instituciones» de las violencias que salpicaron las manifestaciones de los primeros. El grupo, liderado por el panadero bretón Théo Poulard y un ingeniero anónimo de Toulouse, federa varias iniciativas, como los chalecos azules y el grupo «¡Basta, ya es suficiente!». Pese a que algunos militantes profesan abiertamente su apoyo a Emmanuel Macron y a La República en Marcha (LREM), el movimiento se postula «apolítico».
Una sociedad desigual
Según Poulard, de 23 años, «las causas de los chalecos amarillos son defendibles», pero considera que «el movimiento ha sido recuperado por los extremos, derecha o izquierda». El 27 de enero, durante la primera y por ahora única protesta de los pañuelos rojos, en la que participaron unas 10.500 personas, algunos chalecos amarillos acudieron a su encuentro en la plaza de la Bastilla. Aunque Poulard mantiene que el movimiento no es «antichalecos amarillos», la tensión fue palpable, con los dos grupos intercambiando gritos de «fascistas» y «colaboracionistas».
La aparición espontánea de ambos movimientos refleja el malestar y la profunda fractura social que sufre el país y que parece acrecentarse en los últimos años. Según una encuesta publicada por el diario l’Obs el pasado diciembre, un 76 % de los franceses consideran que la sociedad gala es desigual y, de entre ellos, un tercio afirman que es «muy desigual». El tímido aumento del poder adquisitivo de los franceses, un 2,5 % desde el 2016, no logra paliar el aumento del precio de la vivienda, de productos básicos y del carburante. Si bien Macron ha accedido a algunas de las reivindicaciones de los chalecos amarillos, como el aumento del salario mínimo, el centrista se niega a revocar una de sus reformas más polémicas: la supresión del impuesto solidario sobre la fortuna.
Aunque los organizadores de la marcha de los pañuelos rojos no descartaron nuevas convocatorias tras la protesta del 27 de enero, el movimiento parece haberse desinflado con la misma rapidez con la que apareció. Por el contrario, las protestas semanales de los chalecos amarillos continúan, pese a haber perdido fuelle desde el inicio del movimiento a mediados de noviembre.
A cuatro meses de las europeas, el grupo afronta divisiones entre los que quieren mantener el carácter apolítico del grupo y los que quieren traducirlo en una fuerza política. Tres listas de chalecos amarillos ya han sido presentadas. Aunque por ahora ninguna cuenta con los 79 nombres necesarios para participar en el escrutinio, su hipotética participación acumularía un 13? % de los votos, según una encuesta de Elabe. Su aparición penalizaría al partido de extrema derecha Agrupación Nacional (ex Frente Nacional), que quedaría en segundo lugar, por debajo de la coalición de LREM y el Movimiento Democrático, con el 17,5 y el 22,5 %, respectivamente.