El Parlamento venezolano se erige como eje de una transición sin Maduro

Llama al Ejército a unirse y declara usurpador al líder chavista si asume la presidencia


CARACAS / CORRESPONSAL

La Asamblea Nacional venezolana inició ayer un período clave con el objetivo de ser el eje para presionar al Gobierno de Nicolás Maduro, coordinar la protesta contra el presidente y, en definitiva, «generar las condiciones para que haya una transición política» que ponga fin al Gobierno chavista y permita «elecciones libres», señaló Juan Guaidó, nuevo presidente del Parlamento, la única institución del país no controlada por el oficialismo. A partir del 10 de enero, cuando Maduro tiene previsto jurar como jefe de Estado reelegido, la Presidencia de la República estará «usurpada» y por ello la Cámara asumirá «la representación del pueblo y de Venezuela ante la comunidad internacional».

Guaidó hizo un llamamiento a las Fuerzas Armadas para que se sumen a los esfuerzos por «la restitución del Estado de derecho y del sistema democrático venezolano», y a los ciudadanos, para que salgan a protestar ante la toma de posesión de Maduro, tras unas elecciones en mayo que no cumplieron con estándares democráticos y que son desconocidas por el Grupo de Lima, la Unión Europea, Estados Unidos y Japón.

Veintisiete embajadores participaron en el acto de instalación, entre ellos, los de España y México, a pesar de que este país rechazó la víspera la declaración del Grupo de Lima calificando de ilegítimo el nuevo mandato de Maduro. Esto pese a las amenaza de bomba (calificada de show por los diputados opositores) y que duró hasta pocos minutos antes del inicio de la sesión.

La nueva directiva del Legislativo, que a partir del 10 de enero deberá lidiar con el desconocimiento internacional del nuevo mandato de Maduro, fue electa por unanimidad de la oposición. Guaidó afirmó que asumirá algunas de las competencias del Gobierno de Maduro: entre estas, la más inmediata, y con colaboración de la comunidad internacional, será la gestión de ayuda humanitaria para paliar la aguda crisis económica de la nación.

Desde el 2016, la bancada del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela no participa en el Parlamento, acoplándose al Tribunal Supremo de Justicia, que calificó «en desacato» a la Asamblea Nacional e inutilizó todas sus decisiones.

Llamada a los chavistas

Guaidó llamó también a estos parlamentarios, que conforman un tercio del Legislativo, a sumarse nuevamente al mismo y a «colaborar en la solución de esta crisis, cuya naturaleza es eminentemente política. «El espacio natural de diálogo es el Parlamento. Si quisieran una solución real ocuparían esos escaños o no presionarían a sus diputados para que los ocuparan», señaló Guaidó al Gobierno.

Sobre la ayuda humanitaria, Guaidó indicó que a partir del 10 de enero «vamos a comunicarnos directamente con los países que estén dispuestos a colaborar con Venezuela. «El Gobierno no quiere esa ayuda porque hoy su negocio es lucrarse con los alimentos que ellos mismos importan. Pero nosotros vamos a atender al pueblo de Venezuela, vamos también a retomar la elección de los poderes públicos que habíamos dejado, y vamos a crear una Ley del Fondo de Recuperación de los Activos por Corrupción», señaló.

El Gobierno, a través de su canciller Jorge Arreaza, rechazó la declaración del Grupo de Lima que instan a Maduro a no asumir su nuevo mandato presidencial, y acuso a los países miembros de «recibir órdenes de Washington».

Un líder accidental que deberá resistir la presión

La sesión del Parlamento venezolano de ayer no solo fue histórica por las circunstancias en las que se produce, sino por la propia figura de su presidente. Juan Guaidó es el hombre más joven en dirigir el Legislativo en sus 188 años como nación independiente. Guaidó llega como parte de un arreglo político acordado por la oposición cuando ganó por mayoría la Asamblea Nacional, en el 2015, por el cual este año la presidencia le corresponde a Voluntad Popular (VP), cuyo presidente es el preso político Leopoldo López.

En privado, el nuevo presidente del Parlamento, de 36 años, no tendrá problema en reconocer, además, que se requiere una figura joven para soportar las presiones (incluida la posibilidad de una detención arbitraria como la que padece uno de sus colegas, Juan Requesens) que generará este período legislativo.

Tampoco en decir que su presidencia obedece a que el principal líder parlamentario de VP, Freddy Guevara, se encuentra desde el 2017 refugiado en la Embajada de Chile en Caracas sin que el Gobierno le haya dado salvoconducto para salir, después de que Maduro lo acusara de dirigir las manifestaciones opositoras que dejaron más de 140 muertos en la represión.

Guaidó, Guevara y Requesens están entre los exponentes más destacados de la llamada generación del 2007, entonces jóvenes estudiantes universitarios, que enfrentaron el intento de reforma de la Constitución por parte de Hugo Chávez y le propinaron a este una de las más dolorosa derrotas electorales.

Ingeniero de profesión, y recientemente casado, tiene una hija de poco menos de un año de edad, y representa a Vargas, el estado costero que prácticamente fue arrasado por lluvias torrenciales en 1999, tragedia a la cual sobrevivió como adolescente.

«Soy un superviviente, no una víctima», indicó ayer en su discurso, dando a entender que no pretende inmolarse como preso político, pero señalando también que «nunca vamos a rendirnos. «Todos los sacrificios que hemos asumido solo valdrán la pena si al final del camino está la libertad de Venezuela», afirmó Guaidó en su primer discurso.

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