La «calçada» se queda sin artesanos

Begoña Íñiguez LISBOA

INTERNACIONAL

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Así es la lucha en Lisboa por preservar uno de los grandes símbolos lusos: los icónicos suelos empedrados que pueblan sus calles

15 dic 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

El inconfundible suelo empedrado de Lisboa, la calçada à portuguesa, formada por la unión casi perfecta de pequeñas piedras calizas, con diseños armoniosos, debe su construcción a los calceteiros, un oficio en vía de extinción, a pesar del esfuerzo del Ayuntamiento de Lisboa para preservarlo, a través de la Escuela de Formación Profesional de Calceteiros. «En el siglo XIX había en la ciudad más de 400 calceteiros, hoy no llegan al medio centenar, entre los 15 de la brigada municipal, los cinco encargados de los diseños y los que trabajan para las Juntas de Freguesía en los barrios históricos», explica a La Voz Teresa Gouveia, historiadora y profesora de la Escuela de Calceteiros.

La calçada portuguesa tiene origen romano «aunque se comenzó a construir en el siglo XVI, durante el reinado de Manuel I, en la época de los descubrimientos», señala Gouveia. «Con el terremoto de 1755, el centro de Lisboa se destruyó casi en su totalidad y por ello fue necesario contar de nuevo con los calceteiros para reconstruir el suelo de la ciudad», dice.

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«Para este oficio hay que tener vocación y amor por el trabajo bien hecho», confiesa Jorge Duarte, con 32 años de profesión, y desde hace dos décadas profesor de la Escuela de Calceteiros. «Este es un trabajo muy bonito, aunque duro y mal pagado», señala. «Pasamos muchas horas en la calle, en una posición incómoda y perjudicial para la espalda, de rodillas, en cuclillas o sentados en un banquito como este», indica. «Entiendo que las nuevas generaciones no lo vean llamativo. Si se pagase mejor, se animarían más a realizar este curso de un año, que habilita para realizar un oficio muy gratificante, ya que tu obra es pisada y contemplada por millares de personas todos los días», afirma. «Solo en Lisboa tenemos decenas de kilómetros de calçada, y lo mismo ocurre en otras ciudades lusas y de los archipiélagos de Azores y Madeira». Isabel Polónia, coordinadora de la Escuela de Calceteiros, advierte que esta difícil técnica de empedrado sin cemento «es fundamental que la aprendan, aquí en la escuela, con profesionales con experiencia como Jorge Duarte». En 2016 se formaron en Lisboa 31 calceteiros, en 2017, diez; y este año tan solo 7. Un total de 238, desde que comenzó a funcionar la escuela en 1986.

La técnica

«Las piedras que utilizamos son calizas, vienen de la Sierra de Aire y de Candeeiros, cerca de Fátima, las tenemos que pulir con mucho cuidado y con una determinada forma, según el diseño que queremos hacer», explica Jorge. «Después se colocan sobre una masa de arenilla, proveniente de las piedras, siguiendo el molde». Y continúa: «Luego se les echa arenilla, para que cierre y selle los huecos y por último se riegan con agua». «Pero -advierte- este oficio no casa bien ni con la prisa ni con el reloj, porque son trabajos laboriosos y muy artesanales». Teresa Gouveia coordina también las visitas por las calçadas más representativas de Lisboa y programa talleres «sobre todo para investigadores extranjeros y personas con un perfil más intelectual, enamoradas de nuestro pavimento empedrados». Hasta la fecha, se han realizado más de cinco mil diseños. Para la historiadora «la calçada, junto con el azulejo, es «una de las principales imágenes de marca del país que merece ser considerada patrimonio de la humanidad».