El verde militar impregna el nuevo Gobierno de Brasil

Bolsonaro ya ha designado a ocho miembros de las Fuerzas Armadas para su gabinete

Bolsonaro, en el acto de graduación de la Academia Militar de Agulhas Negras
Bolsonaro, en el acto de graduación de la Academia Militar de Agulhas Negras

Brasilia / corresponsal

Hace dos semanas, cuando el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, se entrevistó con la fiscala general de la república, Raquel Dodge, la saludó llevándose la palma derecha a la sien. Pocos días después, se cuadró y repitió el mismo gesto ante John Bolton, el asesor de Seguridad Nacional de Trump. No parece algo casual: el verde oliva está tiñendo el Gobierno del político ultraconservador, porque ocho de sus futuros ministros son militares o tienen formación castrense. Además de algunos cargos del segundo escalón y la mayoría de sus hombres de confianza en el equipo que lleva la transición desde su victoria electoral hasta su toma de posesión en enero.

Bolsonaro había prometido reducir drásticamente el número de ministerios (llegó a cifrarlos en 15), pero lo cierto es que ya ha designado a 20 responsables y puede acabar con 23, muy cerca de las cifras que consideraba desorbitadas en los Gobiernos anteriores. De los 20 ya designados, ocho podrían ir a trabajar en uniforme. Además del vicepresidente general Hamilton Mourão, ocuparán carteras del primer nivel el astronauta Marcos Pontes (Ciencia y Tecnología), el general Augusto Heleno (Seguridad Institucional), el general Fernando Azevedo (Defensa), el general Carlos Alberto dos Santos (Secretaría del Gobierno), Tarcísio Freitas (Infraestructuras), Wagner Rosário (Transparencia y Control de Cuentas) y Bento Costa de Albuquerque (Minas y Energía).

Envidias entre cuerpos

Significativo es la designación del último, el más reciente. Albuquerque fue elegido a dedo por Bolsonaro después de que le fueran propuestas otras alternativas más de consenso político o de cariz técnico. Ninguna le convenció. Ante la duda, un militar. «Antes el PT optaba por terroristas para el cargo, y nadie protestaba», se justificó cuando le preguntaron por la abundancia de ministros salidos de las Fuerzas Armadas. Muchos de ellos (Heleno, Freitas, Dos Santos, Albuquerque) participaron en misiones de la ONU, especialmente en Haití. Todos menos dos pertenecen al Ejército de Tierra, algo que también ha generado tensiones en la Marina y en la Aviación, que se han sentido despreciadas en el reparto hecho por Bolsonaro (paracaidista en su época en el Ejército). Los analistas brasileños ven la proliferación de militares como un contrapeso a los ultraliberales liderados por el superministro de Economía, Paulo Guedes, y también por el zar de Justicia, el juez estrella Sergio Moro.

Los ministros Heleno y Dos Santos aparecen como especialmente estratégicos, pues sus despachos están situados en el palacio do Planalto, sede de la presidencia, mano a mano con Bolsonaro. Y fuera del primer escalón, hay al menos otros tres militares situados en puestos estratégicos: Maynard Marques (Programa de Inversiones), Floriano Peixoto (subvenciones de la presidencia) y Ajax Porto (asesor más cercando del presidente del Tribunal Supremo).

La preponderancia de militares tiene una contrapartida: Bolsonaro ha dejado de lado a los evangélicos, que claman por puestos relevantes en el nuevo gabinete. Magno Malta, quien rezó con Bolsonaro dando gracias a Dios por derrotar a la izquierda, ha sido dejado de lado. Puede premiar a uno de sus acólitos con el nuevo Ministerio de la Familia.

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