May aguanta el tirón, por ahora

El punto fuerte de May es que no hay alternativa. No hay tiempo para una renegociación, ni la UE tiene interés en emprenderla


El miércoles, el plan para el brexit de Theresa May superaba su primera prueba, la aprobación del Gobierno; pero el horizonte no se ha aclarado en absoluto. Esquivado el riesgo de una dimisión en masa, estaba claro que ayer empezaría un goteo de dimisiones, y así fue. En total, al menos siete altos responsables abandonaron el Gobierno. En general, se trata de cargos menores, salvo dos ministros del gabinete (un tercero parecía ayer noche dispuesto a unírseles). El problema para May es que uno de ellos, Dominic Raab, era precisamente el ministro para el brexit, el teórico negociador del plan que quiere aprobar la primera ministra. Su marcha es un golpe duro para ella y su capacidad de vender el acuerdo a la sociedad británica. 

Ayer se publicaban las primeras encuestas y el trabajo se adivina, en efecto, arduo: en una de ellas su plan para el brexit solo cuenta con el apoyo de un 19 % de los encuestados, y en otra es del 14 %. Curiosamente, sin embargo, de entre todos los posibles candidatos a conducir al país a la salida de la Unión Europea, ella sigue siendo quien suscita más confianza, aunque sea por comparación con los demás líderes. Es, en cierto modo, un reconocimiento implícito por parte de la opinión pública de que un brexit satisfactorio es misión imposible. 

Lo es. Conocidos ya los detalles, ¿se trata de un buen acuerdo? Sin duda es un buen acuerdo para la UE. Basta observar cómo los líderes europeos hacen cola para mostrar su satisfacción. En realidad, no hay que verlo como un tratado sobre la futura relación entre Gran Bretaña y la UE, sino como una póliza de seguros que protege a los dos, pero sobre todo a la UE, del temido «brexit sin acuerdo». Lo que dice el texto, en el fondo, es que Gran Bretaña debe seguir cumpliendo las reglas europeas en casi todas las áreas hasta que un futuro tratado de libre comercio pueda ser finalizado. Puesto que esta clase de tratados suelen llevar varios años (el acuerdo con Canadá llevó siete), está justificado el miedo de muchos británicos (no solo los euroescépticos) a quedarse atrapados indefinidamente en una situación con lo peor de estar y de no estar en la UE. 

Pero no hay alternativa, y ese es el punto fuerte de May. No hay tiempo para una renegociación, ni el menor interés por parte de la Unión Europea en emprenderla. Su plan es el único brexit posible ahora, salvo una salida desordenada que solo los más radicales de los euroescépticos no temen. ¿Son suficientes como para hacer caer a May? Pronto lo sabremos. Ayer estaban intentando reunir las 48 cartas al Comité 1922 que ponen en marcha una moción de censura interna del partido. Si las reúnen, la votación sería la próxima semana. Pero les está costando. 

Algunos temen que si May gana esa moción de censura se verá fortalecida, y no podrá volver a ser censurada en los doce meses siguientes. Otros simplemente tienen miedo a que la crisis política acabe llevando al poder al radical laborista Jeremy Corbyn. Incluso se empezaban a oír ayer algunas voces pragmáticas que ven en el acuerdo de May un mal menor. No eran muchas, eso sí. Los números siguen diciendo que May no logrará aprobar su plan en el Parlamento; pero ayer citaba como su inspiración a una leyenda del críquet inglés, el bateador Geoffrey Boycott, famoso por pelear cada bola hasta el final. Todo sea dicho: también era famoso por sus malas relaciones con sus compañeros de equipo.

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c. porteiro

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¿Qué pasa en Londres? ¿Qué va a ser de May? De eso estuvieron pendientes ayer las 27 cancillerías europeas. También los arquitectos del divorcio en sus despachos de Bruselas. «Tenemos que ser prudentes, ojalá todo vaya bien allí», sostenían. La UE aguarda, con el corazón en un puño, a que la situación se estabilice al otro lado del canal de la Mancha. Cualquier traspié de Theresa May puede echar al traste el frágil acuerdo de salida. 

¿Por qué se tambalea el acuerdo?

Porque su futuro está ligado al de la supervivencia política de la primera ministra británica, a quien sus rivales dentro del Gobierno y partido tory quieren derribar. La cascada de dimisiones dentro de su Ejecutivo la han puesto al borde del precipicio. Si dimite, o la echan del cargo, no se podrá firmar el texto del divorcio. También se ha puesto en tela de juicio la legitimidad del acuerdo después de la dimisión del ministro negociador británico, Dominic Raab. La Comisión Europea trató de apagar ayer ese fuego dejando claro que ahora su interlocutora es May.

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