La ola de asesinatos de periodistas dispara las alarmas en la UE

Las víctimas investigaban casos de corrupción en Bulgaria, Eslovaquia y Malta

María Signo
bruselas / Roma / corresponsal

La Unión Europea, antiguo remanso de paz donde no se mataba por informar, ya no es un lugar seguro para los periodistas. Lo que parecía un coto exclusivo de las dictaduras se ha abierto paso por la UE. Hoy es más peligroso que ayer denunciar las corruptelas de las élites políticas y empresariales. La deriva antidemocrática en algunos países europeos está provocando una pérdida progresiva de la libertad de expresión y los derechos civiles. Un caldo de cultivo perfecto para la persecución de las voces discordantes.

La violación y asesinato de la comunicadora búlgara, Viktoria Marinova, el sábado en la ciudad de Ruse ha sacudido a Bruselas. La salud democrática en la UE está enviando señales preocupantes y eso ha puesto la piel de gallina a las autoridades comunitarias que asisten con impotencia a una ola de asesinatos sin precedentes. En menos de un año hasta tres periodistas fueron salvajemente ejecutados. Las tres víctimas tenían algo en común: investigaban supuestos casos de corrupción en sus respectivos países.

«Estoy conmocionado. De nuevo una periodista valiente ha caído en lucha por la verdad y contra la corrupción», lamentó el vicepresidente de la Comisión, . Bruselas ha exigido a las autoridades búlgaras que investiguen «de forma urgente y en profundidad» el caso para aclarar si el asesinato está vinculado a su trabajo. Y es que hace solo una semana que Marinova reveló en su programa Detector de Mentiras el supuesto uso fraudulento de fondos estructurales europeos en Bulgaria. El país figura en el puesto número 111 de la lista de Reporteros Sin Fronteras sobre la libertad de expresión y el ejercicio de la profesión periodística. El portavoz de la Comisión, Margaritis Schinas, confirmó ayer que trasladaron a la la Oficina Antifraude Europea (OLAF) todas las sospechas, aunque el organismo ya estaría investigando el caso desde el mes pasado.

El crimen de Marinova vino precedido de otros dos casos similares. Una bomba lapa adherida al coche de la periodista maltesa, Daphne Caruana Galizia, acabó con su vida el pasado 16 de octubre del 2017. La bloguera investigaba la implicación de altos cargos del gobierno en los Panama Papers cuando fue asesinada. Aunque el crimen hizo estallar la indignación en el sector e hizo temblar todos los resortes democráticos de la UE, no fue hasta la muerte a tiros del periodista eslovaco, Jan Kuciak, y su novia Martina Ku?nírová, el pasado febrero, cuando las instituciones tomaron cartas en el asunto. El asesinato, vinculado a una investigación en curso sobre los supuestos lazos entre la mafia italiana y empresarios y políticos eslovacos, desencadenó una crisis de gobierno que se llevó por delante al entonces primer ministro, el socialdemócrata Robert Fico.

La Eurocámara creó entonces un grupo de control del Estado de Derecho dentro de la Comisión de Libertades Civiles para vigilar el estado de salud de la libertad de expresión en el bloque comunitario y supervisar las investigaciones de los asesinatos ligados a casos de corrupción. Timmermans ha advertido de que actuarán de forma implacable para frenar la descomposición democrática en países como Polonia, Hungría, Rumanía o Bulgaria. El presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, tuvo que admitir que la UE se enfrenta a un problema inédito en las últimas décadas: «Debemos proteger mejor a nuestros periodistas. Son actores importantes de nuestras democracias».

Guerra abierta entre el Gobierno italiano y «La Reppublica»

Es una guerra abierta. El vicepresidente y ministro del Trabajo Luigi Di Maio y el diario La Repubblica, el de mayor tirada de Italia, libran un pulso sin tregua. Las críticas del periódico y del semanario L’Espresso a decisiones tomadas por el gobierno que preside Giuseppe Conte no gustan al Movimiento 5 Estrellas, que ha desatado una campaña contra los periodistas y trabajadores del grupo acusándolos de publicar noticias falsas.

En un vídeo publicado en Facebook, el vicepresidente aseguraba que «estamos vacunados contra las noticias falsas de los periódicos y se están vacunando muchos ciudadanos». En su opinión, este es el motivo por el que «mueren tantos periódicos, entre ellos los del grupo l’Espresso que, y lo siento por sus trabajadores, están preparando un proceso de reestructuración interna porque nadie los lee y porque cada día pasan su tiempo alterando la realidad y no contando la realidad».

La reacción de periodistas y trabajadores no se hizo esperar. En un duro comunicado el comité de empresa acusó al ministro de no «conocer la diferencia entre mentira y noticia evidentemente porque es experto en la primera y alérgico a la segunda». También el director de La Repubblica, Mario Calabresi, en un editorial publicado ayer, defendió la libertad de prensa frente a un modelo «que viene del Este de Europa, de aquellos países que tanto gustan al aliado Salvini» mientras aseguraba que «no tenemos miedo. Estamos preocupados por nosotros y por el país, por la degradación del debate que envenena la opinión pública».

A pesar de la solidaridad hacia La Repubblica de todo el mundo de la información, desde el conservador Corriere della Sera hasta Il Fatto Quotidiano, cercano a Cinco Estrellas, los ataques de Di Maio continuaron ayer cuando afirmó que «ha llegado el momento de hacer una ley contra el conflicto de intereses. Así quien posee periódicos no tendrá relaciones con la política. Yo no tengo ni siquiera el poder de negar el derecho de crítica. Por eso ahora, ¡que algunos periódicos no se hagan las víctimas!». Añadió que «este año recortaremos fondos públicos» ignorando que los principales periódicos, entre ellos La Repubblica, no reciben ninguna ayuda estatal. El ataque no está dirigido solo contra el grupo L’Espresso sino también contra las agencias de prensa. El subsecretario Vito Crimi, del M5E, dijo que «son demasiadas en Italia y lo saben también ellas», por lo que ha propuesto cerrar algunas.

La redacción del periódico se vio invadida ayer de fotos que mostraban el ejemplar comprado en los quioscos dentro de la campaña «Hoy más que nunca compro el periódico», organizada por los lectores.

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