«Es increíble que hayan salido de la cueva de Tailandia, han nadado en chocolate»

Este profesional se perdió hace un año en una cueva de Mallorca y esperó 60 horas la llegada de un rescate

Xisco Gràcia: «Es increíble que hayan salido, han nadado en chocolate» Este profesional ha seguido de cerca el rescate de Tailandia. Él mismo se perdió hace una año en una cueva en Mallorca y esperó durante 60 horas un rescate milagro

REDACCIÓN / LA VOZ

Xisco Gràcia no dudó en presentarse como voluntario para ayudar en el rescate de los Jabalíes Salvajes. La empatía no podía ser mayor. Este buceador y espeleólogo profesional de 55 años estuvo hace un año atrapado durante 60 horas en Sa Piqueta, una cueva de Manacor.

-¿Le sorprende el éxito del rescate en Tailandia?

-Me sorprende por las circunstancias y la falta de experiencia de los chavales. En nuestras cuevas ya entras buceando. En este caso se van inundando zonas que antes no lo estaban. No sé cómo se adentraron tanto. Su fortaleza psicológica ha sido fundamental.

-Bucear tanto sin experiencia parece imposible.

-Aunque han ido acompañados de profesionales, los zonas estrechas son muy difíciles de superar en soledad. A eso hay que sumarle la distancia y que la visibilidad era nula. Han tenido que bucear en chocolate. Es increíble que hayan podido salir.

-Por no hablar del control de la ansiedad...

-Eso es algo muy difícil de gestionar, incluso para un profesional. En el 2002 participé en el rescate de un militar en una cueva. Lo hallamos muerto. Se encontró en una zona estrecha y le dio un ataque de pánico. Y eso que aún tenía oxígeno.

-Una falta de oxígeno que usted también tuvo que gestionar.

-Sí. Mi compañero Guillem Mascaró y yo estábamos trabajando. Perdimos la guía para salir de la cueva, estábamos un kilómetro adentro y tuvimos que decidir. Guillem salió a buscar ayuda dando un gran rodeo. Yo me quedé 60 horas en una sala donde había oxígeno. Pasó tanto tiempo que pensé que se había ahogado.

-¿Cómo era esa sala?

-Había mucho dióxido y apenas podía respirar. Además, pocos conocíamos ese lugar y aún estábamos en fase de exploración. Pensé que tardarían como mucho seis horas en llegar hasta mí. Nunca 60. Perdí todas las referencias temporales.

-Durante esas horas se vivió una auténtica contrarreloj en el exterior de la cueva.

-Incluso perforaron para intentar suministrarme oxígeno, pero como la topografía no estaba acabada, no tuvo éxito. Yo escuchaba que estaban muy cerca. Lo que hicieron después fue lo correcto. Pararon y los sedimentos del agua se depositaron. Había más visibilidad y volvieron a bucear. Consiguieron coger las ramificaciones correctas hasta llegar hasta mí sin saber cuál era el camino. Y eso que hay más de veinte cruces. Decidieron entre izquierda y derecha todo el rato.

-¿Y usted qué pensaba mientras?

-Al ver que Guillem no regresaba, di por hecho que se había ahogado. Nadie sabía dónde estaba. Entré en una fase de comerme el coco, pensando en mis hijos, en que moriría allí. Tenía una linterna que solo encendía cuando era necesario, así que estaba a oscuras. Cuando llegó el rescate estaba al límite.

-Pero salió por sus propios medios, buceando.

-Lo hice, pero mi cuerpo estaba ya a 32 grados. Tenía hipotermia moderada, así que no habría aguantado mucho más. Desde luego, si no me hubiese valido por mí mismo, no podría haber salido. Tendrían que haberme abandonado allí o intentar un plan B, que no sé si existía. Por eso me sorprende que los chicos de Tailandia solo sufran hipotermia.

-¿Ha vuelto a bucear?

-Por supuesto. Ahora soy aún más prudente.

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