A diferencia de lo sucedido hace 17 cuando la ultraderecha llegó al poder, fuentes comunitarias explican que ahora han optado por actuar con calma «en vez de darles alas para que fomenten el victimismo en casa»
20 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Es difícil definirlo, es algo así como una mezcla de resignación y realismo. No gusta, obviamente, pero tampoco es un trauma insuperable. No se trata de fustigarse con mil latigazos, pero tampoco de hacer como si aquí no hubiera pasado nada. Como sucedió hace 17 años, la ultraderecha del FPÖ ha llegado al poder en Austria de la mano del Partido Popular (OVP), pero a diferencia de lo ocurrido en 2000, la UE ha decidido dar un giro de 180 grados en su estrategia de contención. Entonces, se activaron casi de forma automática las primeras sanciones diplomáticas de la historia del club. Ahora, ni las habrá ni se esperan. Todo cambia.
¿Por qué la situación de ahora es diferente a la de hace 17 años, como asegura Moscovici? Es difícil encontrar un por qué, pero sí hay pistas que pueden hacer comprender mejor esta nueva postura de la UE. No hay que olvidar que 2017 ha sido un año durísimo en el que se ha logrado ganar al populismo en plazas claves como Francia y en este período de calma chicha no hay muchas ganas de meterse en otro jardín. «Lo de 2000 tampoco es que saliese muy bien (a los seis meses se levantaron las sanciones de forma unilateral al comprobarse ineficaces) y ahora, es mejor tenerlos atados en corto dentro de la maquinaria comunitaria en vez de darles alas para que fomenten el victimismo en casa», explican fuentes comunitarias. Esto no significa que Viena tendrá un cheque en blanco para que haga y deshaga. «La vigilancia será estrecha y las líneas rojas sigue estando claras», apostillan.