La Haya repara el dolor de Bosnia

El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia condena a cadena perpetua por genocidio al exgeneral Ratko Mladic, el Carnicero de los Balcanes

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Bruselas / corresponsal

«¡Morirá en La Haya!», celebraba ayer Nedziba Salhovic tras confirmarse la condena a cadena perpetua a Ratko Mladic, el Carnicero de Bosnia. Aplausos y abrazos para recibir el veredicto de manos del juez Alphons Orie, quien anunció la decisión del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) de condenar al exgeneral serbobosnio por genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Las lágrimas no tardaron en aparecer en los rostros de las viudas o madres de los mártires de Srebrenica. Dieron rienda suelta a toda la rabia y desazón contenida durante los 24 largos años que duró el proceso contra los principales responsables de la limpieza étnica perpetrada en la guerra de Bosnia (1992-1995), en la que perecieron 100.000 personas. Por fin se hizo justicia. A pesar del tiempo, la memoria de estas mujeres sigue intacta. «¡Le doy gracias a Dios en nombre de nuestros hijos!», exclamó Salhovic, una de las muchas personas que se congregaron en el memorial de Potocari, lugar de homenaje para los 8.000 musulmanes bosnios asesinados en Srebrenica a manos de las tropas del entonces general en julio de 1995.

Bosnia ni quiere ni puede olvidar aquella salvaje y monstruosa matanza cometida a cielo abierto ante la mirada atónica del mundo. Tampoco Sarajevo se olvida de su raptor, quien ayer fue expulsado de la sala antes de escuchar el veredicto por gritar al tribunal: «Estáis mintiendo, mentís, todo es pura mentira». La ciudad respira aliviada. El esqueleto de la capital bosnia todavía guarda las cicatrices de los 44 meses que vivió asediada por los francotiradores del genocida y durante los cuales hasta 10.000 personas murieron acribilladas a balazos en sus calles. «El fallo llega demasiado tarde», se lamenta Safet Kolic, un vendedor de ropa. A otros todavía se les retuercen las entrañas al hablar del demonio serbio. «Si dependiera de mí, lo habría ahorcado», asegura una mujer. Incluso en las más altas instancias internacionales aplaudieron el fallo. «Mladic es el paradigma del mal y la acusación contra él, el paradigma de lo que persigue la justicia internacional», dijo el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, Zeid Ra’ad al Huseín.

Con el veredicto se cierra uno de los capítulos más oscuros y vergonzosos de la historia de Europa, pero la condena ha abierto viejas heridas que todavía supuran en Bosnia. Los Balcanes siguen siendo un polvorín, un puzle de encaje imposible. Porque si Mladic es la encarnación del odio y la infamia para unos, también es un ídolo y un ejemplo para otros. En las calles de Bratunac, a tan solo cinco kilómetros del memorial Potocari, las paredes escupen orgullo por el asesino: «¡Eres nuestro héroe!».

La clase política sigue azuzando la llama nacionalista. El presidente del ente serbio de Bosnia, Milorad Dodik, acusó de parcialidad y falta de objetividad al tribunal e insistió en que «a personas [como Mladic] no las juzga un tribunal, sino la Historia». El miembro serbio del Gobierno tripartito bosnio, Mladen Ivanic, restó credibilidad a la decisión del juez, que tachó de «política», y propagó el miedo a nuevos enfrentamientos: «Ha traído desconfianza en vez de confianza y en vez de la reconciliación provocará nuevos conflictos políticos», aseguró. El propio alcalde de Srebrenica honró la figura del genocida. El serbobosnio Mladen Grujicic agradeció al exgeneral haber «salvado a su pueblo de la persecución y el exterminio».

El fantasma que persigue a Holanda

Los soldados holandeses de la ONU estaban a cargo de la seguridad de Srebrenica cuando las tropas de Mladic entraron a fuego en el enclave en julio de 1995, pero nadie le paró los pies. Hombres y niños fueron masacrados sin pudor ante los ojos aterrorizados del mundo. Las culpas recayeron sobre los cascos azules holandeses que, desde entonces, fueron incapaces de limpiar su nombre, a pesar de que algunas cancillerías conocían los planes de Mladic. «EE.UU. tiene Saigón, los franceses Dien Bien Phu, los belgas el Congo y Holanda tendrá Srebrenica», aseguró a la BBC el escritor holandés Frank Westerman. El capricho del destino hizo que fuese un juez holandés quien decretó la sentencia.

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