La sombra de Pinochet se resiste a extinguirse

Chile celebra este domingo la primera ronda de las elecciones presidenciales con Sebastián Piñera como claro favorito


santiago de chile / e. la voz

Chile celebra hoy la primera ronda de sus elecciones presidenciales con un claro favorito, el multimillonario de centroderecha Sebastián Piñera, quien ya dirigió al país entre el 2010 y el 2014. Cuenta con un 44 % de intención de voto y aventaja en más de 20 puntos a su principal rival, el periodista de centroizquierda Alejandro Guillier, candidato del bloque de la presidenta Michelle Bachelet.

Pero en Santiago de Chile no parece que haya elecciones. En las calles ruedan unos pocos panfletos, pero no hay grandes carteles publicitarios cuando anteriormente se colgaban hasta de los semáforos. Los escándalos de financiación ilegal de anteriores campañas y la baja identificación de los votantes con sus representantes han hecho a los ciudadanos perder interés por la campaña.

Eso hace temer una gran abstención. La participación media en los comicios celebrados desde principios de década, cuando se eliminó el voto obligatorio, rondó el 42 %. Ni que decir hay que cuanta menos participación se produzca hoy, más porcentaje sacará Piñera a su rival. El votante más defraudado es el de izquierda.

Lo que no cambia en Chile es la sombra que proyecta sobre los comicios el personaje más importante de los últimos 44 años en la historia del país: el dictador Augusto Pinochet, cuyo gobierno se extendió entre 1973 y 1990. A pesar de que murió hace ya 11 años, muchos de los discursos todavía se basan en la necesidad, o no, de seguir reformando las instituciones y el sistema económico heredado del militar, que dejó 3.200 muertos y cerca de 38.000 torturados.

«La dictadura se acabó, pero la sociedad se reformuló durante el gobierno de Pinochet con una mirada muy neoliberal. El país se ha volcado en tener buenos trabajos, ganar un buen sueldo y satisfacer sus necesidades básicas más que en tener servicios sociales», comenta el informático Danilo Reyes, aludiendo a las privatizaciones de sanidad, educación, sistema de pensiones y empresas mineras.

La disyuntiva para los votantes está entre elegir continuar con una liberalización que ha hecho de Chile el país más desarrollado de Sudamérica, pero con unos exiguos servicios públicos, o aumentar el gasto público. Para la izquierda, avanzar en la creación de un Estado del bienestar como el que tiene Europa es la única manera de alcanzar el estatus de país desarrollado. La derecha aboga por continuar el modelo actual, aunque ha moderado su discurso si se compara con el que tenían los Chicago Boys, el grupo de jóvenes educados en EE.UU. que gobernaron la economía chilena durante la dictadura y que siguen teniendo un inmenso poder al frente de grandes empresas.

La política de bloques también tiene muy presente a Pinochet. La alianza oficialista está integrada por un buen número de políticos que fueron represaliados por la dictadura. El bloque de centroderecha, por su parte, cuenta con apoyos de defensores del Gobierno militar. Esas líneas, por supuesto, son mucho más difusas ahora, con la entrada de jóvenes a la política. Piñera, sin ir más lejos, votó en contra de Pinochet en el referendo de 1989 y criticó a funcionarios de derecha por ser «cómplices pasivos» de la dictadura.

Varios sectores, la mayoría de centro e izquierda, reivindicaron en la campaña la creación de una Asamblea Constituyente que cree una nueva Carta Magna en sustitución de la actual aprobada en 1980. Supondría una ruptura con un régimen que aún hoy marca a Chile.

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