Putin ignora la Revolución de Octubre

El Kremlin evita promover actos masivos que erosionen su autoridad

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Moscú / E. La Voz

Sin rastro de manifestaciones, homenajes o actos multitudinarios. Moscú acoge el centenario de la Revolución de Octubre, que se celebra este mes, con una mezcla de oscurantismo e indiferencia. Al contrario que en el 70 aniversario del Día de la Victoria en la Segunda Guerra Mundial en el 2015, que conmemoraron de forma masiva, esta vez el Kremlin no quiere promover ningún acto en torno a un hecho histórico que continúa levantando asperezas en la sociedad rusa.

La revolución de 1917, comandada por Vladimir Lenin, tambaleó los cimientos del Estado y dio el poder a los bolcheviques, pero no fue el golpe definitivo. Le siguió una guerra civil entre el Ejército blanco, afín al zarismo, y el Ejército rojo, con el asesinato de por medio del zar Nicolás II y de toda su familia en julio de 1918. El conflicto duró cinco años y se saldó con la pérdida de millones de vidas antes de la creación de la Unión Soviética, en diciembre de 1922.

Con las presidenciales del 2018 a la vuelta de la esquina y un cuarto mandato asegurado, Vladimir Putin afronta el calendario con prudencia. «No podemos arrastrar hasta nuestros días las divisiones, los odios, las afrentas y la crueldad del pasado», matizó en su discurso sobre el estado de la nación, en diciembre del año pasado. No obstante, detrás de su calculada ambivalencia se esconde un temor compartido por todos los líderes autoritarios: el de una protesta masiva en las calles. Ya sucedió a finales del 2011 y las autoridades rusas temen que el aniversario de la revolución pueda caldear el ambiente.

Putin es alérgico a cualquier tipo de movilización popular. Su Gobierno se basa en la defensa de un statu quo orientado a recuperar la grandeza de Rusia, aquel tiempo en que era temida y respetada como superpotencia. Por ello no quiere ni oír hablar de revolución. «El Kremlin solo aboga por revertir el sistema en aquellos casos que le conviene, como fue el caso de Crimea, Donbás, Abjasia u Osetia del Norte. Ahí sí que están a favor de que el pueblo se pronuncie», argumenta Carmen Claudín, investigadora del CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs) y experta en política rusa. 

La relación de la sociedad rusa con la Revolución de Octubre cambió en los años ochenta con la perestroika, cuando la apertura de archivos aportó una visión diferente sobre la llegada al poder de los bolcheviques. «Cada vez se ve más la revolución como un acontecimiento fluctuoso, triste y negativo, porque destruye un Estado en el que la Iglesia ortodoxa era sagrada», sostiene José María Faraldo, doctor en Historia Contemporánea y autor de Revolución rusa: Historia y memoria

Solo el Partido Comunista, minoritario en la Duma, ha expresado su apoyo a la revolución en su centenario. Su firme oposición a la retirada de Lenin de su mausoleo en la plaza Roja ha copado titulares y llamado la atención, pero no supone un fiel reflejo del sentimiento ruso. «La retirada de Lenin de la plaza Roja sería un punto final a un capítulo que ya está prácticamente cerrado para la sociedad rusa», mantiene Faraldo.

Según una encuesta de abril, en torno a un 63 % de la población rusa está de acuerdo en retirar el cadáver de Lenin del centro de Moscú. Sin embargo, tanto Putin como la Iglesia ortodoxa, contraria a rendir cualquier tipo de homenaje a los bolcheviques, creen que esto provocaría una división social innecesaria. Por ello, y bajo la consigna de unidad tantas veces expresada por el líder ruso, no tienen prisa y esperarán el tiempo necesario hasta que los nostálgicos de la época soviética sean una minoría en la sociedad. 

Desinterés social

Hoy por hoy, gran parte del pueblo ruso ve la revolución de octubre con apatía y desinterés. Su recuerdo solo consigue despertar el interés de historiadores y estudiosos de la época comunista, pero no logra levantar ningún tipo de emoción entre la ciudadanía. «Lo que está realmente en el debate no es el paso del zarismo a la URSS, sino de la URSS a Rusia. No sé quién compraría en Rusia un análisis bien hecho e independiente de la Revolución de Octubre. A la gente ya no le interesa», sentencia Claudín.

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