AfD, la nueva bestia negra del tablero

«¿Burkas? A nosotros nos gustan los bikinis», reza uno de los lemas más chirriantes de la formación islamófoba y xenófoba


Alemania se despide lentamente de sus carteles electorales. Incluidos los del partido ultraderechista AfD, que suelen estar colocados en lugares más altos para que no los rompan. «¿Burkas? A nosotros nos gustan los bikinis», reza uno de los lemas más chirriantes de la formación islamófoba y xenófoba, que se consolidaba ayer como la auténtica ganadora de estas elecciones al lograr algo más del 13% de los votos. Un tercer puesto con el que los ultras se quitan la espina que se les quedó clavada en los últimos comicios, cuando no obtuvieron el 5% mínimo, y entran al Bundestag por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial.

Alternativa para Alemania (AfD) nació en el año 2013 como un movimiento económico contrario a los rescates del sur de Europa. Estuvo cerca de desaparecer debido a las fuertes tensiones internas, pero su discurso dio un giro radical en 2015, con la llegada masiva de refugiados. Tras capitalizar el rechazo de la población a la extranjerización del país, no ha dejado de cosechar éxitos en los comicios regionales celebrados desde entonces. Especialmente en el este de Alemania, aún hoy menos desarrollado que el oeste.

Frente a la irremediable crisis del bipartidismo, los populistas han demostrado ser capaces de captar el descontento de la población de todos los estratos e ideologías, y sumado puntos también en regiones prósperas como Baden-Württemberg. Gracias a propuestas como el cierre inmediato de las fronteras, la reducción drástica del número de personas que solicitan asilo, y la autorización para entrar solo a trabajadores cualificados, AfD ha conquistado ya 13 de las 16 Cámaras regionales, y pasado de ser un partido de minorías a uno de masas.

Igual que ocurrió en otros países europeos como Francia, Austria y Holanda, todo apunta a que los ultraderechistas han venido para quedarse. Al menos dos legislaturas, aseguran los expertos. Con todo, el rumbo que adopte AfD en los próximos años dependerá mucho de si consigue superar la lucha de poder en su interior que quedó reflejada el pasado abril, cuando Frauke Petry, del ala más moderada, renunció a la cancillería. Su lugar lo ocuparon el veterano jurista de 76 años Alexander Gauland y la doctora en Economía de 38 Alice Weidel.

Un dúo un tanto atípico. Mientras Gauland es un conservador desencantado que inició su carrera en la CDU, con la que fue jefe de gabinete en el estado federado de Hesse, Weidel presenta un perfil más liberal. Consultora de empresas y residente en Suiza junto a su compañera, era hasta hace poco una desconocida. Pero últimamente protagonizó titulares por un presunto correo electrónico en el que califica de «cerdos» y «marionetas de las potencias vencedoras» a los miembros del Gobierno

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