El juego de Pionyang

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¿Qué quiere Corea del Norte? Una negociación «de tú a tú» con Estados Unidos que, se supone, le proporcionaría el estatus de potencia nuclear y una garantía de que su régimen no será derrocado en el futuro. Esa es la teoría. En realidad, la exigencia de negociar solamente con Estados Unidos es una excusa de Pionyang para posponer el diálogo hasta que pueda mantenerlo desde una posición de fuerza, cuando sus misiles puedan alcanzar objetivos en territorio continental de Estados Unidos. Mientras tanto, juega a mantener la tensión.

El chantaje de Pionyang no es ninguna broma: su amenaza es nada menos que desatar una guerra nuclear. Sin embargo, se trata de una perspectiva improbable. Lo que estamos viendo estos días, por ejemplo, es una escalada verbal preocupante, pero sin incidentes militares concretos sobre el terreno. En ese sentido, hemos estado en situaciones peores en el pasado reciente.

Las amenazas de Pionyang se han revelado hasta ahora faroles, y es así como hay que ver de momento la advertencia de los norcoreanos de que podrían golpear Guam, una isla del Pacífico que es territorio norteamericano. En Pionyang saben que hacerlo no les reportaría ningún beneficio y supondría, casi con total seguridad, el fin de su régimen. Puede que sufriese las consecuencias Corea del Sur, que está en el punto de mira de la artillería norcoreana -más destructiva, en realidad, que sus escasas armas nucleares-, pero no Estados Unidos. La disuasión nuclear funciona, pero no funciona así.

¿Qué se puede hacer, entonces? Aunque la antipatía universal por Donald Trump hace que muchos crean que esta última escalada es culpa suya, siendo justos, ninguno de sus predecesores ha sido capaz de manejar a este régimen imposible. Trump había aceptado el diálogo directo, lo que, más que esperanzador era interesante porque no se había intentado todavía. Aunque es dudoso que se pueda acordar nada con los norcoreanos, hay quien piensa que la oferta de diálogo en sí les privaría del combustible de su retórica, que es la supuesta obsesión del mundo por destruirles. Pero eso suena demasiado optimista. Con la misma lógica se podría decir que la nueva escalada de amenazas de Trump también es interesante porque no se ha intentado antes.

Lo que nos deja con la postura realista, la que dice que lo único que se puede hacer es contener al régimen de Pionyang en espera de su implosión en algún futuro más o menos lejano. No es muy popular, porque supone asumir que en política internacional -como en la vida- hay problemas que no tienen solución, y que lo único que se puede hacer es vivir con ellos.

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