El país de los 8.000 niños escondidos

Médicos sin Fronteras se vuelca con menores refugiados en Francia; calcula que hay miles al margen de los que están localizados


«Cada día es una emergencia». No es Siria. Es Francia. Es París. Así ve la situación los refugiados en su país Corinne Torre, coordinadora de programas de Médicos sin Fronteras (MSF). «No estábamos preparados, no esperábamos un número tan alto», confiesa. Europa no había vivido nada parecido desde la Segunda Guerra Mundial. Un éxodo. Familias enteras. Niños. El eslabón más débil de una cadena rota. Son miles. «Unos 8.500 en todo el país. Pero sospechamos que al menos hay otros 8.000 menores escondidos en Francia», apunta Torre. Invisibles. Como pequeños fantasmas.

Los menores son la prioridad para MSF, «los más vulnerables». La organización ha decido abrir centros de día en París para que tengan acceso a asistencia primaria, que dispongan de servicios de salud mental. Torre explica que muchos refugiados necesitan, sobre todo, ayuda psiquiátrica y psicológica. El viaje pasa factura. Y no es fácil alcanzar el destino. Ni siquiera para los niños. «Queremos dar asistencia a los que tramitan su solicitud de asilo, procurar que puedan ir a los tribunales para probar que son menores», señala Torre. Añade que el proceso puede durar meses. «Mientras esperan, el objetivo es enviarlos con familias, para que durante ese tiempo puedan ir a la escuela y sentirse seguros hasta que llegue la decisión final de los tribunales», explica.

El flujo no se detiene. En el 2016, llegaron a Italia unos 25.000 niños. «Sabemos que, de esos, al menos 7.000 querían venir a Francia. Esperamos que la cifra sea alta. Tenemos que hacer algo, porque nadie lo está haciendo», señala la responsable de MSF. El país es un lugar de tránsito y de destino. ¿Cómo digieren los franceses esta llegada masiva? «Algunos están en contra porque están cansados de los refugiados, porque ellos mismos no tienen trabajo. Hay gente que incluso cree que a los inmigrantes les damos trabajo, pisos, coches, soporte financiero... Eso es ridículo. Otra se queja por la suciedad y el ruido que generan los que están en la calle», cuenta Torre. Curiosamente, cada vez son más los refugiados que prefieren volver a zonas de guerra antes que quedarse. Pero Torre también habla de los que se implican, los que quieren ayudar. Cree que la situación no ha alimentado el racismo. Sin embargo, Yasser Louati, activista de derechos humanos y libertades públicas, considera que los refugiados han sufrido un proceso de deshumanización. «Una vez que los deshumanizas, no importa lo que les pase. El Ayuntamiento de París colocó una especie de piedras en la calle y evitar que hubiera refugiados. ¿Por qué no gastó ese dinero en comida?», dice.

El nuevo presidente

La cuestión es si cambiará la política de refugiados de Francia con el nuevo presidente. Marine Le Pen llegó a acusar al papa de injerencia por haber pedido misericordia a los países europeos. «La misericordia solo puede ser algo individual», respondió la candidata del Frente Nacional. «Le Pen quiere cerrar las fronteras y Macron no es muy claro, aunque quiere poner a más policías en las fronteras. La inmigración no va a parar. Europa debería establecer una política conjunta clara, ahora cada país cierra su territorio. Hay que decir a cuántos podemos acoger y agilizar los procesos», expone Torre. Y habla de las calles de París, de Calais, del campamento de Grande-Synth, que fue incendiado... Pero pone el foco en la frontera de Francia con Italia: «Es preocupante. La policía francesa está devolviendo refugiados a Italia, incluso a los menores, cosa que es ilegal». Torre habla del comunicado conjunto firmado por cinco organizaciones en Niza. MSF, Amnistía Internacional, Médicos del Mundo, Cáritas de Francia y La Cimade acusaron a las autoridades francesas de no respetar la ley y cargaron contra la «inaceptable» presión policial sobre los refugiados y las personas que se hacen cargo de ellos. Dice que por esa presión los inmigrantes toman riesgos. Esta misma semana murió electrocutado un hombre en la Estación del Norte. Intentaba llegar al Reino Unido a lomos del tren.

Unas oenegés piden frenar al Frente Nacional y otras prefieren no posicionarse

«No podemos permanecer como espectadores, debemos proteger nuestros valores». Hace unos días más de sesenta asociaciones y oenegés firmaron un texto en el Journal du dimanche. En ningún momento se citaba directamente ni a Marine Le Pen ni al Frente Nacional, pero el texto es un claro llamamiento a los electores para que no permitan que la ultraderecha alcance el poder. «En vísperas de las elecciones, las organizaciones de la sociedad civil, desean lanzar un grito de alarma para defender los valores que nos inspiran y que son la base de la sociedad en que vivimos», indican los firmantes, entre los que se encuentran SOS Racismo, Francia Tierra de Asilo y la Fundación Abbé Pierre. «Con la experiencia de las últimas décadas, no hay mucho que esperar de lo que saldrá de las urnas. Pero si lo mejor no está necesariamente garantizado, lo peor es, lamentablemente, posible», señalan. Otras entidades se han referido directamente a Emmanuel Macron para apuntar que su apoyo es prestado.

Médicos sin Fronteras es una de las organizaciones no gubernamentales que se mantiene al margen de las consignas electorales en estas presidenciales. «Nunca hacemos eso. Siempre tenemos un perfil bajo hasta que el nuevo presidente es elegido. Después de eso intentamos fijar un encuentro con un representante del nuevo Gobierno para entender mejor sus propuestas y para hablar sobre la situación de los inmigrantes», explica Corinne Torre, coordinadora de programas. «Siempre empezamos con diplomacia. Todo el mundo está pendiente de MSF, nuestro nombre es conocido, cuando decimos algo todo el mundo escucha, por eso somos muy cuidadosos. Pero si nos encontramos con situaciones inaceptables somos muy duros», señala.

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