Extraordinaria movilización de inmigrantes y europeístas para frenar el avance del populismo
16 mar 2017 . Actualizado a las 05:00 h.«Pase lo que pase, el genio no volverá a la botella». Con esa fiereza se despidió el xenófobo Geert Wilders tras depositar ayer su voto en un colegio de La Haya. Un aviso premonitorio, un mensaje claro para quienes ayer acudieron en tromba a votar para echar por tierra las ambiciones del líder populista del PVV.
Los sondeos auguraban una lucha mano a mano entre Wilders (14 % de votos) y la formación del actual primer ministro, Mark Rutte. El VVD partía con ventaja (17 % de votos) tras una semana de remontada con polémica de por medio. El desafío del presidente turco, Erdogan, solo sirvió para afianzar la posición del liberal quien quiso asegurar apoyos enarbolando de nuevo la bandera del miedo a la ruptura con la UE. «Tenemos que mantener este país seguro y estable. Debemos frenar la ola de populismo en estas elecciones que se celebran bajo la presión de la victoria de Trump en EE.UU. y el brexit», advirtió.
Wilders no solo tropezó con Rutte. El halcón de la nueva derecha europea se topó con un enorme dique de contención liderado por la comunidad inmigrante, los votantes europeístas y la izquierda, que se movilizaron en masa para aplacar el voto más tradicionalista de enclaves como Volendam, el idílico pueblecito costero de Holanda donde más del 50% de sus habitantes apoyaron al xenófobo en las pasadas elecciones (2012), cuando Wilders arañó 15 escaños, lejos de los 24 del 2010.
¿Por qué tanta tensión si el PVV ya había alcanzado resultados semejantes a los del 2017 en comicios anteriores? El clima en la UE ha cambiado radicalmente. Bruselas contuvo ayer el aliento ante la perspectiva de que el populista se anotase la primera gran victoria en la carrera de elecciones que depara el 2017. Los comicios en Francia están a la vuelta de la esquina y nadie desea dar un baño de optimismo a la ultraderechista Le Pen, que encabeza los sondeos. Alemania será el último test al que se someta la UE para medir el grado de resistencia a los movimientos que, aupados desde Washington por Trump, y desde Moscú por Vladimir Putin, pugnan por desmantelar el proyecto europeo, la reintroducción de fronteras y la prohibición del Islam.
El voto de barrios con mayoría inmigrante como el de Schilderswijk (85 % de extranjeros de mayoría turca y marroquí), en La Haya, fue clave para aguar las esperanzas del líder xenófobo que, según los sondeos a pie de urna, se quedaría lejos de superar su marca histórica al estancarse en los 19 escaños, los mismos que los democristianos de la CDA y los liberales de centro del D66. Un fracaso del que se alimentaría el VVD que obtendría unos 31 diputados y el 21% de los votos.
En el juego político que se abre ahora para negociar la formación de nuevo Gobierno, con una Tweede Kamer absolutamente atomizada con más de once fuerzas, será fundamental llegar a consensos entre partidos de diferente cuerda y asumir que la socialdemocracia (PvdA) ha perdido el liderazgo de la izquierda cayendo de los 38 a los 9 escaños tras una legislatura haciendo de muleta de los liberales. El progresismo en Holanda va hoy de la mano de los verdes del GroenLinks, que ayer se catapultaron a la quinta posición pasando de 4 a 16 escaños. El mejor resultado de su historia.
Apagón electrónico para evitar la intromisión de «hackers» rusos
Las autoridades del país impusieron el sistema de votación y recuento manual de los votos para evitar las interferencias de hackers a sueldo de Moscú y Ankara. Los expertos llevaban tiempo advirtiendo (desde el 2006) de las debilidades del software empleado en los comicios, pero solo ante el riesgo de que el largo brazo del Gobierno ruso manipulase los resultados en favor del eurófobo Wilders, el Gobierno holandés decidió prescindir de la tecnología para volver al papel.
Una decisión acertada en vista de los ataques que sufrieron varios funcionarios en sus cuentas personales. La ofensiva se suma a la desatada por hackers turcos en cuentas de Twitter donde tacharon a los holandeses de «nazis», tras la polémica destada entre el Gobierno de Rutte y el de Recep Tayyip Erdogan.
No se registraron mayores problemas al margen de la escasez de papeletas que sufrieron algunos distritos de Amsterdam, donde algunos colegios de quedaron sin papeletas por la alta participación registrada (alrededor del 73% en todo el país). El recuento no terminará hasta primera hora de la mañana, pero los resultados oficiales no se confirmarán hasta el próximo martes.