Trump abre un nuevo frente con Irán

El Pentágono advierte a Corea del Norte con una respuesta «abrumadora» ante un ataque


Nueva York / corresponsal

«Irán juega con fuego. No se dan cuenta de lo 'amable' que fue el presidente Obama con ellos. ¡Yo no!», advirtió en un tuit Donald Trump en respuesta a la reciente prueba de un misil balístico por parte del país persa. Dicho y hecho. A las pocas horas de su aviso, el Departamento del Tesoro de EE.UU. aprobaba nuevas sanciones económicas contra trece individuos y doce compañías de la república islámica relacionados con el programa de misiles. Teherán, según medios iraníes, responderá con la misma moneda e impondrá restricciones a individuos y entidades estadounidenses por ayudar a «grupos terroristas locales».

Sin entrar en demasiados detalles, el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, se limitó a decir que el Gobierno estadounidense no descarta más sanciones y recordó cómo el ensayo del misil iraní el domingo había disparado la alarma en Washington. «El continuo apoyo de Irán al terrorismo supone una amenaza a la región, a nuestros socios en todo el mundo y a EE.UU.», explicó John Smith, director de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro (OFAC).

A lo largo de toda la campaña, Trump siempre dejó claro que en materia de política exterior, él no tendría la paciencia que su antecesor tuvo con Irán. Donde sí ha habido sorpresas ha sido con respecto a Israel, después de un ambiguo comunicado de la Casa Blanca. Cuando Benjamín Netanyahu creía tener vía libre para la construcción de nuevas colonias sobre territorio palestino ocupado, Estados Unidos se distancia y sugiere que, aunque los asentamientos no son «un impedimento» para resolver el conflicto con los palestinos, «no ayudan». El giro llega después de que Israel anunciase la construcción de más de 6.000 viviendas en Cisjordania y Jerusalén Este y un nuevo asentamiento para los colonos desalojos de Amona esta misma semana. Medidas que Netanyahu y Trump debatirán el 15 de febrero en la Casa Blanca.

Cruce de amenazas

Mucha menos delicadeza ha tenido la nueva Administración con Corea del Norte. El jefe del Pentágono, James Mattis, fue el encargado de lanzar el primer mensaje al régimen de Piongyang. Durante su visita a Seúl, advirtió que responderá de manera «abrumadora» si decide utilizar armas nucleares contra EE.UU. o sus aliados. «Cualquier ataque será contrarrestado y cualquier uso de armas nucleares tendrá una respuesta efectiva y abrumadora», sentenció Mattis tras su encuentro con el ministro surcoreano de Defensa, Han Min-koo.

Kim Jong-un amenaza con frecuencia con destruir a Corea del Sur y a EE.UU. La última tuvo lugar hace unos días cuando dijo que en breve probará un misil balístico intercontinental, capaz de alcanzar territorio continental estadounidense. «¡No sucederá!», contestó entonces Trump.

La misma red social sirvió ayer para que el presidente culpase a la prensa de su bronca con el primer ministro australiano, a cuenta del acuerdo entre Obama y Turnbull y en virtud del cual, EE.UU. acogería a 1.250 refugiados de centros australianos. «¡Fake News!» (noticias falsas), repitió el republicano.

La nueva número dos de la CIA es una agente involucrada en torturas en cárceles secretas

El nuevo nombramiento de Trump encaja perfectamente en la nueva era de la CIA. Su nueva subdirectora es Gina Haspel, una agente involucrada en torturas a detenidos en cárceles secretas.

A sus 60 años, Haspel ha trabajado la mayor parte de su carrera como agente encubierto en varios países. Uno de ellos fue Tailandia, donde su hoja de servicios registra su etapa más cuestionada. Fue durante la ofensiva posterior a los atentados del 11S en el 2001, cuando fue directora de uno de los centros de detención conocidos como black sites que EE.UU. tenía por el mundo. En ese centro al menos dos detenidos (Abu Zubaydah y Abd al Rahim al Nashiri, presuntos miembros de Al Qaida) fueron sometidos al waterboarding (ahogamiento simulado) en presencia de Haspel. Así está registrado en una investigación del Senado, a pesar de que el material que registró las sesiones fue destruido en el 2005.

Bannon deja su huella en el primer operativo contra Al Qaida

El poder que Steve Bannon aglutina en la nueva Administración ha vuelto a ser motivo de debate en las últimas horas, después de que varios medios hayan apuntado a su papel protagonista en la primera operación contra Al Qaida en Yemen de la era Trump.

Bannon habría sido uno de los que llevó la voz cantante en la toma de decisiones, a pesar de su falta de experiencia en operativos militares, en la reunión de alto nivel para tratar el operativo, en la que estaba el yerno del presidente, Jared Kushner; el vicepresidente Mike Pence, y el secretario de Defensa, el exgeneral James Mattis.

Varios analistas militares han descrito el operativo como «el ejemplo de lo que no se debe hacer», aunque en la Casa Blanca sigan insistiendo en calificarlo de «éxito». Durante el asalto del pasado fin de semana murió un miembro de las fuerzas de élite de los Navy Seal, así como «más de una docena de terroristas», según el Pentágono. Nada dijo de que la mayoría eran civiles, entre ellos, diez mujeres y tres niños. Uno de los menores es estadounidense. Se trata de Nawar, la hija de ocho años del clérigo yemení-estadounidense Anwar al Awlaki, muerto en un bombardeo con un dron en el 2011.

Interrogatorio a un ex primer ministro

El ex primer ministro noruego Kjell Magne Bondevik ha sido uno de los afectados por el veto de Trump a los musulmanes. Bondevik, que visitaba EE.UU. para asistir al Desayuno Nacional de Oración, fue detenido e interrogado el martes en el aeropuerto de Dulles (Washington) durante una hora. La causa: en su pasaporte constaba un viaje a Irán en el 2014. La orden ejecutiva ha provocado la rescisión de unos 100.000 visados. Una vez más la asesora Kellyanne Conway, creadora del término «hechos alternativos» para defender al presidente, justificó ayer el veto a los iraquíes apoyándose en la «masacre de Bowling Green» del 2011, algo que nunca ocurrió. La prensa aclaró al respecto que ese año fueron detenidos y condenados dos iraquíes después de que intentaran desde Bowling Green (Kentucky) enviar dinero y armas a Al Qaida. Como respuesta, Obama reforzó los controles de refugiados iraquíes.

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