La teoría del hombre loco


Trump aún no es presidente, pero ya condiciona la política internacional. Y lo hace a golpe de tuit. Con mensajes que tanto critican a los grandes medios de comunicación de Estados Unidos como abren frentes diplomáticos con China. Y que provocan escaladas de tensión.

Esta actividad en las redes se disfraza y desprecia, pero en Estados Unidos ya hay institutos prestigiosos que la escudriñan. Buscan claves políticas. Y atribuyen las publicaciones a un plan calculado. Y a la resurrección de una vieja idea de Maquiavelo reconvertida en teoría en tiempos de la guerra fría, cuando Richard Nixon (el del escándalo Watergate) era presidente, la del «madman» o «hombre loco».

Entonces el mundo estaba partido en dos esferas de influencia. Y Washington cultivaba la imagen de Nixon como un hombre irracional y poco predecible como estrategia para lograr concesiones de sus rivales en el bloque soviético. Tenían la teoría de que el miedo a provocar una respuesta desproporcionada del líder occidental los haría comportarse de forma cautelosa y apaciguadora. Varios medios de Estados Unidos dicen que Donald Trump ya emplea ese sistema, sobre todo frente a Pekín. Y que no es el único actor de la política internacional que se pone el traje de «hombre loco». El otro es Putin.

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