Iba a ser la gran respuesta europea al brexit y se ha quedado en retórica. La cumbre de Bratislava del viernes pasado se había organizado ya de partida sobre una premisa confusa: no se iba a hablar de la salida del Reino Unido de la Unión Europea pero se iba a ofrecer un panorama de lo que sería la Unión sin el Reino Unido en los próximos años. Al final, no ha sido ni una cosa ni la otra y la reunión ha caído en el eterno vicio de las cumbres europeas: no acordar nada para no revelar divisiones. Una hoja de ruta es un calendario de decisiones a aplicar. Esta cumbre le ha inventado un nuevo significado al término: se ha elaborado una hoja de ruta para los próximos seis meses, pero no para aplicar decisiones sino para tomarlas. Es una nueva muestra de la querencia de Bruselas por el galimatías: la UE ha decidido ir decidiendo más adelante.
Herida en su amor propio por el brexit, la Unión Europea parece estar obsesionada con el futuro. Paradójicamente, el camino a ese futuro se busca en el pasado y sus hipérboles. De ahí la idea de desempolvar una antigualla de los tiempos dorados del proyecto europeo: un ejército. Como reconoció cándidamente el presidente francés, François Hollande, Gran Bretaña se oponía al proyecto, así que se ha recurrido a eso, en parte por nostalgia de los grandes sueños, en parte para darles en las narices a los británicos y en parte para hacerles un guiño a los países del Este, últimamente preocupados con la amenaza de la Rusia de Vladimir Putin. Pero los europeos orientales ya tienen su relación especial con Estados Unidos dentro de la OTAN. Y de lo que querían hablar era de fronteras y refugiados, un tema espinoso en más de un sentido y que en Bratislava se ha despachado con vaguedades.
Porque mientras se intentaba buscar la imagen simbólica del futuro, los problemas que realmente preocupan a los europeos apenas han quedado esbozados sin grandes aportes. Sobre la crisis migratoria, que ya se ha llevado por delante Schengen, solo se ha hablado, una vez más, de la necesidad de reforzar las fronteras. Sobre el terrorismo yihadista, otro cliché: «intensificar la cooperación y el intercambio de información entre los servicios de seguridad». Tan solo se ha planteado un asunto importante con cierta seriedad cuando los países del sur, armados con su declaración de Atenas y apoyados coyunturalmente por Francia, han pedido replantear las políticas de austeridad impulsadas desde Bruselas. Pero la cosa quedó ahí, quizás en espera de que en enero uno de estos países sureños, Malta, ocupe la presidencia rotatoria. Para entonces la cuestión británica estará, esperamos, encarrilada. Quizás entonces a la Unión Europea se le haya pasado el disgusto y pueda centrarse en lo esencial, que no es el futuro de la Unión, que nadie conoce, sino su presente, que nadie parece saber resolver.